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Opinión

La socia

La escasa influencia de Sumar en el Gobierno del que forma parte, mostrándose, en su peor crisis, incapaz de remodelarlo, se debe, claro está, a la tutela que sobre la formación ejerce el Partido Socialista.

Desde un principio, la mano del PSOE ha mecido la cuna de este bebé nacido a la democracia con el fórceps de un parto artificial. No hubo nada de espontáneo en el liderazgo de Yolanda Díez, ni en su larga (y costosa, imagino) campaña por esas provincias de España «sumando» siglas, adeptos, votos que, a la izquierda del PSOE, se conservarían en la «casa común», evitando fuesen a parar a los aborrecidos populistas de Podemos, con Irene Montero a la cabeza y el descabezado Pablo Iglesias en la sombra (más de un socialista lo preferiría «a la sombra»).

A golpe de melena y giro ideológico, Yolanda cumplió, bien que a medias, su papel, y continuó ocupando su poltrona vicepresidencial, a la derecha de Pedro, a la izquierda de Sánchez, sin punto medio donde apoyarse a medida que su «suma» restaba, desapareciendo de un territorio y otro, hasta amalgamar de nuevo una utopía, el hermoso sueño de una izquierda de verdad, incorrupta e incontaminada.

Ahora, con el puterío de Ábalos, con las mordidas de Cerdán, los enchufes de Pedro, la trama de Koldo, la mafia de Leire, el acoso a mujeres inocentes por parte de alcaldes rijosos, machirulos ediles, sucios fontaneros, decenas de compañeras acosadas por el patriarcalismo cañí de tantos cerdos con cargo público, con vara, escaño, dieta y coche oficial, Yolanda tiene la oportunidad de levantarse, erigirse en alternativa, clamar, exigir, reformar... Pero todo lo que le van a conceder sus socios de gobierno será una reunión a puerta cerrada con Bolaños, Puente y algún otro reservista de la guardia personal de la última víctima del «síndrome de la Moncloa», este presidente Sánchez, tan vanidoso y volátil como rodeado de corruptos o sectarios servidores, y que hace tiempo vive al margen de la realidad del país.

Al PSOE le venía incomodando «la socia». Ahora, le sobra.

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