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Opinión

Sanidad es vida y compromiso

Desde los inicios de la especie humana en la Tierra, se comprendió que, entre el nacimiento y la muerte, resultaba fundamental encontrar remedio a las dolencias y heridas. Este propósito se logró mediante la observación y la investigación de plantas y minerales, así como a través de la invocación de auxilio a los dioses. Es curioso que ambas cuestiones continúan hoy en vigor con todos los avances de la evolución, por supuesto.

El peso de la medicina como ciencia ya tuvo su inicio en la Edad Antigua, en concreto en Egipto, donde se instauró un sistema sanitario público –muy similar al nuestro–, promoviendo la especialización médica según los distintos tipos de enfermedades. Incluso se atrevieron a operar el cerebro con un sistema propio de trepanación. El primer médico conocido fue el egipcio Imhotep, aunque Hipócrates es considerado el padre de la medicina y su juramento sigue siendo una referencia ética para los profesionales actuales. Asimismo, la investigación médica tuvo un gran avance en el mundo islámico durante la Edad Media.

Es necesario que entendamos la diferencia que existe entre sanidad y medicina, aun aceptando su interrelación. La sanidad busca prevenir enfermedades y promover la salud a nivel comunitario, mientras que la medicina se enfoca en curar enfermedades y aliviar síntomas en pacientes individuales. Por tanto, como no soy médico, intentaré colegir sobre la otra materia, que es la sanidad.

La salud es, sin duda, uno de los bienes más relevantes que poseemos, y su cuidado es responsabilidad de todos. Debemos ser los primeros en atender nuestro cuerpo y nuestra mente. Cervantes, en voz de don Quijote, aconseja a Sancho Panza: «Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra». Creo que en tal consejo está dicho todo; pocas recomendaciones tan atinadas se han formulado sobre el autocuidado.

Las investigaciones sobre cómo responde el cuerpo para su mejoría y protección son una de las formas responsables de su cuidado. En esta área nos encontramos con el sector farmacéutico que, como manifestaba al inicio del artículo, desde la Prehistoria ha estado con nosotros, pues lo que era el aprovechamiento de plantas que podían curar algunas enfermedades o heridas ha pasado a comprender la química como ciencia en nuestra propia composición. Pero debemos saber que no es bueno hacer abuso de estos elementos, y solo deben emplearse bajo las prescripciones médicas correspondientes. No debemos considerar que tenemos el conocimiento y la capacidad –falsa– para automedicarnos, y mucho menos para aconsejar sobre ello a terceros. Las redes sociales han fomentado esta práctica, promovida en ocasiones por influencers sin formación que se permiten aconsejar sobre cuestiones sanitarias y nos dicen, sin ningún pudor, qué debemos hacer con nuestra salud.

Debemos entender como el pilar fundamental de la sanidad a las instituciones oficiales, encargadas de establecer y supervisar las normas que rigen todo aquello que afecta a la salud de las personas, es decir, por dónde debe transcurrir cualquier cuestión que afecte a la salud. Se debe aceptar que todo ello tenga el visto bueno del organismo correspondiente, y esto me da pie para hacer una consideración fundamental: debemos renegar de los negacionistas que provocan difusiones basadas en las más absolutas paranoias. La ciencia es el único camino sólido y riguroso.

En este complejo sentido sobre lo que significa la salud en las personas, es importante que tengamos una eficiente y potente sanidad pública. No deseo con ello pronunciarme en contra de la sanidad privada, aunque en realidad esta trata únicamente del negocio de la medicina. Quienes deseen hacer uso de ella están en su derecho y en su libertad. Lo que sí es importante es tener la verdadera interpretación de lo que significa la sanidad pública. Soy un defensor de la colaboración público/privada, pero lo que no tiene ninguna posibilidad de encaje es que la gestión de la pública se ponga en manos de la privada, pues el ejercicio de las empresas está basado en la consecución del beneficio económico. Por tanto, es posible que ciertos servicios no médicos, los logísticos, puedan realizarlos empresas privadas, pues su desarrollo estará supeditado a la gestión pública.

La pública es la que estará a disposición de todos y permitirá que la salud, junto con la educación, nos garantice una buena convivencia. Sobre esto, que nadie se pronuncie diciendo que el coste de ambos ejes es un gasto para la sociedad; sin ninguna duda, son inversiones que nos procuran una mejor vida en todos los sentidos. En ambos casos y algunos otros, la universalidad de estos servicios debe estar garantizada por encima de la economía.

Y para finalizar, quiero trasladar a los lectores de El Periódico de Aragón mis mejores deseos para el año próximo y recordar, como se repite el día de la lotería, esa gran verdad que nunca falla: «Lo que importa es la salud». Del resto, como siempre, ya se encargará el azar. Os deseo un 2026 dichoso y, sobre todo, saludable.

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