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Opinión

Sociedad intranquila

Usar el bostezo como herramienta dialéctica es una muestra más de la «política espectáculo», sirve para salir del paso por no tener más argumentos

Pese a la realidad de los indicadores macroeconómicos que insisten en cantar loas al crecimiento –sin tener en cuenta el endeudamiento–, bajo el barniz de esta efímera bonanza subyace un malestar estructural que define a la España contemporánea como una «sociedad del desasosiego». Por una parte, como observador de la praxis política, asisto con estupefacción a cómo Pedro Sánchez ha elevado el «bostezo simulado» a la categoría de artefacto comunicativo, proyectando un aburrimiento estratégico y un desprecio calculado por la fiscalización judicial ante la rendición de cuentas por la corrupción que le rodea. Este teatrillo de afectos constituye el ancla de su Manual de Resistencia que prioriza la supervivencia narrativa sobre la integridad ética y la verdad compartida.

El contexto en el que vivimos los ciudadanos no aburre, preocupa. En primer lugar, la precariedad laboral se ha normalizado como la «nueva normalidad» del mercado, atrapando a casi la mitad de la población activa en un ciclo de inestabilidad que determina la salud mental de la nación. Resulta jurídicamente trágico que el empleo haya perdido su función tradicional de escudo contra la exclusión y hoy, uno de cada diez trabajadores ocupados en España vive sumido en la pobreza social. No fallan las personas, falla la política de este Gobierno, pues la inmensa mayoría de quienes sufren la exclusión practican una resistencia activa, frente a unos servicios públicos, fragmentados, insuficientes y sobre todo ineficaces.

En este juicio a la realidad, el modelo inmobiliario emerge como el gran catalizador de la desigualdad. Tras siete años de retórica progresista, la Ley de Vivienda ha sido incapaz de contener el precio de los alquileres o de movilizar el suelo necesario. Resulta paradójico que la tasa de construcción de vivienda pública sea hoy residual, sin acercarse a los niveles de promoción estatal de décadas pasadas.

En conclusión, utilizar el bostezo como herramienta dialéctica es una muestra más de la «política espectáculo», sirve para salir del paso de una situación incómoda por no disponer de más argumentos. Esa España que avanza, según el, es muy distinta de la que se describe en el IX informe sobre la exclusión y desarrollo social en España de la Fundación Foessa, informe de Cáritas. El futuro que debe construirse necesita de políticas públicas audaces que afronten la crisis sistémica, esa que el Jefe del Ejecutivo no ve, elaborando un nuevo pacto social que cuestione los consensos construidos, sin dejar a nadie atrás, generando un nuevo imaginario social.

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