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Opinión | Firma invitada

Parasitando la salud

Los demandantes, los enfermos, carecen de información suficiente, no saben lo que tienen que demandar ni lo que los médicos les aplican

No es una cuestión de ideología, de si la sanidad pública es más eficiente o menos que la privada. La sanidad desde el punto de vista económico, ya no solo desde la equidad, debe de ser mayoritaria y básicamente pública tanto en su gestión como en su financiación. La salud es un bien que, por su naturaleza, el mercado presta de una manera poco eficiente. En el mercado de la salud, la oferta crea su propia demanda, por lo que el mercado no funciona, no hay tal. La esencia de un mercado es la oferta de bienes y servicios que pone a disposición de los consumidores y estos responden demandando o no esos servicios a un determinado precio. Esto exige que las características del producto o servicio estén perfectamente definidas y que sean conocidas y evaluadas por los consumidores, para saber lo que compran al precio oportuno. Pues bien, esto no sucede con el «producto» salud. Cuando uno cae enfermo, como demandante del bien salud, va al médico que es el oferente, el que provee de salud al demandante. El enfermo no tiene capacidad para determinar lo que le va bien para su curación. Es el oferente, el médico, el que determina el producto o servicio que necesita, los tratamientos a seguir, las intervenciones, etc. Se produce lo que en economía se llaman fallos del mercado que justifican y exigen la intervención pública para corregirlos. Los demandantes, los enfermos, carecen de información suficiente, no saben lo que tienen que demandar ni lo que, la oferta, los médicos les aplican.

Las soluciones de mercado que se plantean para corregir esas deficiencias son muy imperfectas. Por ejemplo, los seguros privados tendrían tendencia a asegurar a las personas sanas dejando a los más necesitados con coberturas limitadas o simplemente no atendiéndolas y generando unas bolsas de «insanos» para el sector público. La normativa para regular una posible colaboración público-privada, dada la cantidad de situaciones especiales e imprevistas, generaría innumerables agujeros por donde se pueden filtrar múltiples anomalías, pues el cuerpo humano no es una máquina donde todas las piezas y características son iguales en todos los casos. Sería también un escenario muy propicio para que aparecieran los grupos de presión de aseguradoras y farmacéuticas con asesores del estilo de esa consultora de Cristóbal Montoro, el exministro del PP, sujeto en estos momentos a investigaciones judiciales, que tratarían de conseguir modificaciones legales a favor de intereses determinados (capturar al legislador). Tales grupos, en el caso americano, es el paradigma del poder para colocar a los dirigentes políticos que legislarán para atender sus particulares intereses y atentando directamente a la democracia. La sanidad privada no puede llegar, en mi opinión, más allá de un papel de complementariedad de la pública nunca de subsidiariedad sustituyéndola.

La sanidad privada no puede llegar a tener más allá de un papel de complementariedad, nunca de subsidiariedad

Las consecuencias de un sistema de provisión de salud mayoritariamente privado como el de EEUU son desastrosas: los americanos viven seis años menos y tienden a morirse en mayores números de enfermedades tratables; son conocidos los muchos casos de personas que sufren un accidente y piden no ser llevadas a un hospital porque no pueden afrontar el gasto y si los llevan terminan curados pero viviendo debajo de un puente porque el hospital se ha quedado con su casa: El 66% de las bancarrotas de EEUU se deben a la deuda médica. La síntesis final del modelo americano, en el que la sanidad es principalmente privada, es qué si nosotros gastamos el 6,8% del PIB en salud, ellos gastan el 18%, casi 3 veces más que la media de la OCDE y todo ello mientras ahí 40 millones de personas están mal atendidas o simplemente desatendidas. Eso sí, tienen la mejor sanidad del mundo: ¿para quiénes? ¿a qué precio?, como en Madrid...

En un magnífico libro, El Estado pesebre (2025), el historiador Carlos Arenas recordaba como en nuestro país desde tiempos inmemoriales las clases poderosas han parasitado al Estado. Rechazan lo público, pero no pueden vivir sin él y sobre todo de aprovecharse del mismo. Los casos que hemos conocido esos días de Madrid (Hospital de Torrejón) o Andalucía muestran a esas élites cutres que hasta reutilizan sin esterilizar los materiales de un solo uso. Para algunos es el negocio y, al final, si tienen un problema de salud serio, …a la pública.

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