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Opinión | Con sentido / Sin sentido

«Feliz Navidad» y más

Ayuso y su lazarillo gallego culminaron la cena navideña del PP de Madrid reivindicando el «Feliz Navidad». Sorprendente, porque Feijóo –«por sus obras los conoceréis»– y Ayuso –ella misma se declara no creyente– tienen muy poco de cristianos. Pero se suben a la ola conservadora y reaccionaria que anega el mundo reivindicando estas tradiciones como exclusivas de nuestra cultura europea frente a las «otras». Que yo sepa, nuestros aborígenes en la Antigüedad ya celebraban el solsticio de invierno como «renacimiento de la luz» (celtas, germanos, eslavos, iberos y demás etnias), aunque fueron los vikingos quienes lo popularizaron como Yule. También los romanos conmemoraban las Saturnales justo cuando empezaba a alargarse la luz hasta culminar en el Sol Invictus el 25 de diciembre. Por estas fechas se reunía la familia, se hacían regalos, se comía, bebía y gozaba sexualmente como nunca; como ven, no ha cambiado mucho con respecto a lo de hoy... Si bien los romanos iban más allá, porque permitían una cierta inversión carnavalesca: en un día «saturnal» los amos servían a sus siervos y les daban sus mejores viandas y vino. Todo ello en honor de Saturno, el dios que propiciaba la agricultura y que recordaba la Edad Dorada, cuando todo era abundancia, equidad y no había conflictos. La maldición de Saturno –uno de sus hijos lo destronaría (por eso se los comía)– se cumplió y Júpiter pasó a ser el líder indiscutible del panteón romano. Pero al dios del rayo también lo sustituiría Jesucristo que, aunque quizá históricamente nacido en primavera, la Iglesia lo coronó oportunamente como Sol Invictus fijando su nacimiento ese 25D, la Navidad que reclaman los «populares», tan católicos ellos. Ya ven, hay múltiples maneras de conmemorar estas señaladas fechas, y eso que afortunadamente ni los judíos ni los musulmanes europeos las celebran como tales, porque si no imagínense el lío... En cualquier caso, como dice Byul-Chung Han, los ritos han sido vaciados de sentido y solo queda la seudoliturgia globalizada del consumismo, que es de facto la religión dominante que está llevando el planeta al abismo. Menos esta última, voy a recuperar todas las ceremonias genuinas del momento: quemaré la «tronca», como mandan las tradiciones prerromanas (y con ella los malos augurios y recuerdos), me abandonaré a los placeres y a compartirlos con los míos, según la tradición saturnal (como no tengo siervos no me obliga a servirlos) y saludaré el nacimiento de un Mesías que, en teoría, trae dicha, paz y fraternidad. Así pues, comamos y bebamos que...

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