Opinión | Sala de máquinas
Donald ‘el sucio’
Otra de las características de Donald Trump, lo estamos viendo estos días, es su odio al rival político. En su perversa ética, el adversario no es tal, sino un enemigo. Alguien que quiere perjudicarle, hacerle daño, por lo que es mejor adelantarse y golpear primero mediante la calumnia o el insulto. El hombre más poderoso del mundo no tiene ninguna virtud, y sí demasiados defectos, más alguna tara.
Ese «odio» –una palabra habitual en su boca– hacia el contrario no tiene medida, principio ni fin. Lo vimos materialmente plasmarse en su mensaje navideño al país que tiene la desgracia de ser dirigido por su loco gobierno. Durante su alocución televisiva a los estadounidenses, Trump se dedicó, sobre todo, a tratar de ensuciar el legado y la memoria de Joe Biden, el líder demócrata que, apeado por la enfermedad, no pudo enfrentarse de nuevo a él, tras haberle derrotado anteriormente. En la versión de Trump, Biden ha traído la desgracia a la nación. Todos los problemas que sus paisanos padecen, desde la inflación a la inseguridad, son culpa de Obama, Biden, Hillary Clinton y Kamala Harris. Por su parte, bastante tiene él con arreglar la herencia recibida para hacer «América grande de nuevo». Gracias a sus decretos, aranceles, amenazas y guerras, los americanos, según les prometió en su discurso navideño, volverán a estar orgullosos de serlo.
Mientras esos mismos ciudadanos son confinados en sus casas por las patrullas de reservistas, mientras el derecho internacional vuela con sus bombazos en Gaza o en el Caribe, mientras Europa se ve obligada a hacer verdaderos esfuerzos de contención para no decirle lo que realmente piensa de él, este sujeto se autoproclama máximo defensor de la paz, de la salud y de la libertad.
En su entorno, compuesto por un grupo de fascistas de libro, nadie osa, ya no corregirle, sino ni siquiera aconsejarle. Ya será alguno de sus multimillonarios amigotes, su yerno, su hija o alguien de su confianza quien, como en las dictaduras, lo represente en una negociación crucial. Nada de republicanos ni demócratas, ex presidentes ni notables; tan sólo su perturbada voluntad al servicio de un delirante narcisismo jugando con el globo terráqueo como si fuera una piñata.
Richard Nixon, Dick el tramposo, era un angelito al lado de Donald el sucio.
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