Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Editorial

La inestabilidad, la mejor arma política de Vox

Los Presupuestos de Zaragoza se han encontrado con una piedra en el camino inesperada después de que ayer los cuatro concejales de Vox en el ayuntamiento anunciasen de forma «solemne» que la ultraderecha no apoyará las cuentas para el próximo año. La decisión, inédita en los últimos seis años de gobiernos municipales del PP, supone toda una contradicción, ya que Vox había dado el visto bueno a un proyecto que previamente había sido pactado con el equipo de la alcaldesa, Natalia Chueca. Sin embargo, Santiago Abascal ha decidido cambiar el guion que ya estaba escrito y ha apostado por aplicar una política de tierra quemada, algo que viene haciendo allá donde son necesarios los votos de Vox para gobernar. La primera consecuencia de esta maniobra en Zaragoza será que el Presupuesto ­­-que supera los mil millones y contempla más de 200 en inversiones-, no verá la luz tan pronto como se esperaba, lo que eleva el ruido político y podría atascar proyectos de calado.

El intento de torpedear el instrumento más valioso para transformar una ciudad como Zaragoza, que se encuentra en plena metamorfosis, se produce cuando restan poco más de 40 días para las elecciones autonómicas de Aragón y apenas una semana después de que la ultraderecha confirmase en los comicios celebrados en Extremadura que el PP depende todavía más de Vox. El siguiente hito será el 8 de febrero, fecha en la que los aragoneses irán a votar y decidirán si es ése u otro el escenario que eligen para la comunidad.

Los de Abascal han salido de cinco gobiernos autonómicos y buscan más influencia pero fuera de los Ejecutivos. La estrategia les funciona y así se confirmó en las elecciones extremeñas, donde la ultraderecha ha ganado posiciones a costa de enfangar la gestión política en los territorios en los que, como en Aragón, se saben fuertes. Vox, en definitiva, ha puesto su estrategia electoral por encima del desarrollo de una comunidad como Aragón y de una ciudad como Zaragoza que gozan de buenas expectativas, dinamismo económico y un futuro prometedor. La inestabilidad política se ha convertido, en definitiva, en la mejor arma política de la ultraderecha.

El bloqueo llevó a Azcón a convocar elecciones y es posible que Chueca anuncie una moción de confianza si no se aprueban finalmente unos presupuestos que la alcaldesa quiere presentar la próxima semana. El traspié, no obstante, no pasará a mayores más allá de lo retorcido de la situación, ya que, si la moción de confianza no prospera y no hay un candidato alternativo, los Presupuestos saldrán adelante tal y como están concebidos. Sin embargo, eso poco importa a Vox, que ha vuelto a demostrar que carece de voz y voto en política autonómica y municipal porque toda su acción está supeditada a lo que ordena Abascal desde Madrid. Esta realidad debería ser motivo suficiente para restar credibilidad a una ultraderecha que no cree en el estado de las autonomías y que trata de poner palos en las ruedas porque considera que cuanto peor, mejor.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents