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Opinión | EDITORIAL

El espejo cultural de 2025

Más allá de los nombres propios, de los discos más celebrados, de las obras de teatro con mayor proyección, de los premios y las ovaciones, el resumen de 2025 en el sector de la cultura permite observar unos cuantos parámetros que ayudan a definir este año. El consumo cultural no es solo entretenimiento, sino que refleja en buena parte el latido de una época, las inquietudes de los artistas y las líneas que prescriben los comisarios para definir el tiempo en el que vivimos, un panorama inquietante por muchas razones: desde la emergencia climática a la necesidad de algún tipo de reflexión espiritual, desde el auge de los extremismos hasta la zozobra moral de un mundo envuelto en dudas y falto de referentes sólidos.

Los creadores no viven en una torre de marfil ajenos a la actualidad. Desde esta atalaya puede observarse, por ejemplo, el triunfo vertiginoso de Rosalía en todo el mundo, un ejemplo de márquetin elaborado con precisión a partir de una excelente factura musical. En el fondo de Lux se aprecia lo que muchos expertos ya han definido como un retorno a la religiosidad o, como mínimo, a un cierto deseo de trascendencia que también puede notarse en otra obra reconocida por los críticos, el filme Los Domingos. Al mismo tiempo, en una industria cambiante y expectante ante la llegada de las aplicaciones basadas en la Inteligencia Artificial, también se puede observar una fijación por los dramas íntimos y personales, más allá de los vaivenes de la actualidad.

Los ejemplos pueden ir desde Romería hasta Valor sentimental o, en otro orden de cosas, la subyugante Tardes de soledad: hombres y mujeres enfrentados a un destino en la frontera entre la vida y la muerte. Aunque también es cierto que las tragedias individuales se enmarcan en un entorno social e ideológico: desde Bad Bunny, con sus críticas sociales, a la magnética Sirat o la trepidante Una batalla tras otra, las creaciones que nos ha dejado este 2025 ilustran múltiples crisis, que van desde el miedo a una futura edad oscura donde la felicidad aparente es sinónimo de inconsciencia colectiva hasta la necesidad de plantearse acciones radicales, entre la derrota inevitable y el desahogo nihilista. De los creadores parece que nos llegan más temores que alternativas, propuestas o esperanzas.

Aragón ha brillado en 2025, especialmente con los tres premios Goya que recayeron en las manos de Javier Macipe (Mejor Dirección Novel) y Pepe Lorente (Mejor Actor Revelación) por La estrella azul, y Arantxa Ezquerro (Mejor Diseño de Vestuario) por La virgen roja, dirigida por Paula Ortiz. Bunbury y Amaral triunfaron con sus giras Huracán Ambulante y Dolce Vita, también en Zaragoza, y Kase.O celebró los 33 años en la música con un concierto en el Príncipe Felipe. A nivel literario, Luz Gabás publicó Corazón de oro, Javier Sierra El Plan Maestro y Julián Casanova, Franco. Este ha sido el año también en el que el Tribunal Supremo dio la razón a Aragón y Cataluña tendrá que devolver las pinturas murales de Sijena, aunque el conflicto todavía sigue sin resolverse. La sentencia obliga al Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) a restituir a la sala capitular del monasterio de la población oscense las pinturas murales de allí extraídas. No hay más recursos posibles. En torno a la figura de Goya y de camino al bicentenario de su muerte también ha pivotado la actualidad cultural con la exposición Goya, del Museo al Palacio en la Aljafería, la construcción del nuevo Centro Goya en los antiguos juzgados de Zaragoza y la reforma del Museo Goya-Fundación Ibercaja.

Las tensiones políticas con Israel también se han notado en el mundo de la cultura. En 2025 fueron noticia el robo en el Louvre o la apertura del Gran Museo Egipcio, sin olvidar hitos remarcables como la muestra de Chris Ware, el cómic elevado a la categoría de arte.

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