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Opinión

Zaragoza

Todo pasa por interés electoral

La proximidad del 8F está afectando a cuestiones de calado que pasan desapercibidas porque la polémica absorbe todo el protagonismo en el día a día de los partidos

La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, durante el último pleno del Ayuntamiento de Zaragoza.

La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, durante el último pleno del Ayuntamiento de Zaragoza. / Laura Trives

A ver que nos quede claro a todos. Resulta que afear la decisión del Gobierno del PP en Zaragoza concediendo espacios públicos gratis a empresas privadas que hacen negocio sin pagar un euro a las arcas municipales es «por interés electoral», pero reprobar a Pilar Alegría por cualquier motivo que se elija en la ensalada de escándalos que ofrece la política nacional con tal de atizar al sanchismo no es por «interés electoral». Esto es, más o menos, lo que se puede extraer del último pleno del Ayuntamiento de Zaragoza, donde se escenificaron todos los ingredientes que vamos a tener a diario sobre la mesa de aquí al próximo 8 de febrero. Eso y las excursiones a la Junta Electoral para denunciar al adversario por cualquier acto que sea susceptible de polemizar, se va a convertir en el monótono día a día de los ciudadanos que mínimamente sigan la actualidad de Zaragoza o de Aragón. Porque las elecciones tienen ese poder de atracción en los partidos de convertir la polémica en el eje central de las campañas electorales, las precampañas y las preprecampañas, que con tanta antelación uno ya no sabe cuando empieza la contienda en serio y cuándo es un simple aperitivo de lo que está por venir. Al final se nos va a hacer muy largo a todos. Menos mal que el calendario de Adviento del presidente tiene fecha de caducidad...

Con la de cuestiones serias que quedan por resolver y discutir, pensar si Azcón debe dar o no el tradicional discurso de Año Nuevo. Por mí, con todos los respetos a quienes se dedican a elaborarlos, podrían suprimirlos todos, hasta el del Rey. Porque suele convertirse, con y sin elecciones en el horizonte, en una magistral lección de buenismo y palabras correctas que nada tiene que ver con el día a día de la política. Pero si el debate es si el presidente es capaz de arañar unos votos o influir en el resultado electoral del 8F solo por ese discurso es que la cosa está peor de lo que pensaba.

Lo importante, volviendo al inicio de este artículo, es que el grado de deshumanización de la política está relegando a temas de calado. Que en el pleno en el que se da luz verde definitiva al plan de Aceralia, tras dos décadas de idas y venidas y reivindicación vecinal, o al plan que sacará a Instalaza del centro de Zaragoza, o al plan que contuvo la especulación en los suelos del Jesús y María, el protagonismo sea la bronca por el espectáculo del Parque Grande o la excusa del día para atizar a Pilar Alegría, es que ya no se le da importancia a lo que de verdad importa. O quizá es que nada de eso importa porque el tradicional interés general que debería mover toda la acción política es hoy solo ese «interés electoral» en el que todo vale.

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