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Opinión | Salida de emergencia

El Soneto XI de Garcilaso

Me escribe un amigo, un viejo anarquista, y me dice que qué pena lo de la izquierda en Aragón y me adjunta en el ‘whatsapp’ una viñeta en la que se puede leer: ‘El problema de la izquierda’. Uno dice: «En el fondo pensamos lo mismo». Y el otro, parecen muy enfadados, responde: «Pero innumerables matices nos separan». En la parte de la derecha se puede leer: ‘La ventaja de la derecha’ y en la viñeta aparecen dos tipos dándose la mano. Uno dice: «Innumerables matices nos separan». Y el otro añade: «¡… Pero como en el fondo estamos por lo mismo!». Es un buen resumen de las cosas que pasan y pasan porque a menudo tenemos la piel tan fina que nos consideramos únicos e irrepetibles, cuando simplemente somos parte de un engranaje que puede hacer las cosas bien, mal o peor que mal. En Aragón los partidos a la izquierda del PSOE han decidido ir por separado, unos más que otros, y el 8 de febrero veremos cuáles son las consecuencias que ellos no percibirán como tales, porque cada cual defenderá su resultado, aunque algunos no tengan ni resultado, sin entender que podían haber multiplicado su representación en un momento que diríamos exigía otra lectura un poco más ambiciosa y global y menos personalista y mermada, lo que ha permitido que los odios y los rencores de cuando tú eras y yo sobrevivía con respiración asistida hayan pasado su factura.

Pero volver sobre el pasado no resulta ni práctico ni gratificante, porque seguimos sin aprender de nuestros errores, que suelen ser casi idénticos. Cambian los sujetos, eso sí, así que ahora hay que esperar y ver cuál es la fuerza con la que Vox llega al parlamento aragonés y de qué forma se desarrolla el pacto entre el partido de Abascal y los del PP, que han entendido que el miedo a la ultraderecha no levanta el voto de la izquierda tan cansada como está de tanto correr sin entender, de tanto justificar a veces lo injustificable y de esperar desesperadamente que haya algo más allá de las siglas de los propios partidos. Empieza un tiempo distinto que tendrá su ciclo, como siempre sucede en política y cuyas consecuencias dependerán de si seguimos dormidos, que razones tenemos, no lo niego, o decidimos votar con descaro para que el ruido de los tiempos modernos no acabe con todas las banderas que ya solo levantan algunos viejos anarquistas, como mi amigo que despide su whatsapp con versos y besos en una forma loca de educar, cuando los versos son un viaje que solo unos pocos recuerdan cuando susurran aquel Soneto XI de Garcilaso.

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