Opinión | Sala de máquinas
Alberto Puyana
La novela negra española sigue mejorando su salud gracias a la constante renovación de su sangre. Por ello, resulta tan obligatorio como grato reconocer el impulso proporcionado por uno de sus nuevos «doctores», Alberto Puyana.
Pero quien, realmente, precisa cuidados, no será él, sino su héroe, o anti-héroe, el ex inspector Ramiro Galiana. Este duro policía se nos presenta francamente «tocado» al comienzo de su nueva aventura, contenida en la última, reciente y muy recomendable novela de Puyana: Matacrías (editorial Kaizen).
Los seguidores del inspector Galiana, que ya lo conocían por alguna aventura anterior, gozarán con su resurrección literaria. Aquellos que se incorporen a su mundo, a su saga, descubrirán con sorpresa y placer a un nuevo y original héroe, merecedor de figurar en primera línea de los «sabuesos» de la novela negra contemporánea (en el caso de Puyana, rabiosamente actual).
Ramiro Galiana: hombre de recursos, inteligente, soñador, luchador, solitario y romántico, a ratos heroico, otros escéptico... y ex adicto. Su pelea por dejar la droga, antes de que la cocaína lo deje de verdad hecho unos zorros, será tan intensa y a ratos tan desesperanzada como su amor por una gaditana que sí cree en él, en su recuperación, en su futuro; o también, como la investigación del caso en que se verá envuelto, una serie de crímenes cometidos contra menores de edad en Cádiz capital. Ámbito territorial, geográfico y atmosférico que el autor, nacido en Puerto Real, al otro lado de la bahía, conoce a la perfección, según más que patente quedará en sus descripciones de las calles, de las tabernas, rincones y, sobre todo, de las gentes de Cádiz, de todos esos gaditanos aterrados por la ola de asesinatos del caso Matacrías.
Entre ellos, sin embargo, los habrá carne de cañón. Será en el dibujo de los hampones, de los traficantes de drogas, pequeños delincuentes y sospechosos protagonistas de la noche donde exhibirá Puyana su talento creativo y narrativo, su diplomatura en la universidad de la vida, su capacidad de observación y su habilidad a la hora de armar caracteres y voces originales. Y asimismo para levantar un argumento sólido, entretenido y verosímil que pondrá a prueba las facultades de su inspector Galiana y que premiará a sus lectores con las sorpresas y giros de una muy buena lectura.
¡Hasta la próxima, inspector!
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