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Opinión | EDITORIAL

Nuestros bolsillos en 2026

Ha quedado ya atrás el salto inflacionista que a partir de 2022 redujo sensiblemente la capacidad de compra de los españoles, a consecuencia del alza de los tipos de interés, los costes energéticos derivados de la guerra de Ucrania y los efectos de la sequía en algunos sectores agrícolas, mientras el precio de la vivienda escalaba sin cesar. 2026 llega con expectativas de estabilidad, con incrementos de precios en los servicios esenciales y la cesta de la compra moderados y que podrían quedar equilibrados a grandes rasgos gracias a las actualizaciones de las pensiones y los incrementos salariales. En algunos capítulos del gasto de los hogares españoles puede haber sobresaltos, como los debidos a crisis sanitarias (huevos, pollo, carne de vacuno...) o el impacto de los cambios del clima o la demanda global en productos como el café o el chocolate, compensados en parte por la moderación de otros. En otros capítulos de gasto, como las telecomunicaciones, se consolida un mercado dual, entre servicios premium y más caros y ofertas low cost. De los costes de electricidad y gas no parecen esperarse tampoco grandes sobresaltos, aunque las dudas sobre cómo deberán asumirse los costes de reforzar las redes para acompañar al proceso de electrificación, prorrogar la vida de las centrales nucleares o contar con el margen necesario para evitar un nuevo apagón añaden un punto de incertidumbre.

Desde el punto de vista de muchas economías familiares, esta visión general sobre la evolución media del coste de la vida puede resultar alejada de su experiencia real y la situación efectiva de sus cuentas a final de mes. El coste de la vivienda seguirá pesando de forma decisiva en la renta realmente disponible de cada unidad familiar. Por un lado, quienes cuentan con una vivienda en propiedad pagada o alguna residencia en disposición de ser alquilada a terceros. Por el otro, quienes han de buscar un piso a un coste cada vez más difícil de asumir para crear un hogar, cambiar de lugar de residencia o encontrar una alternativa a un contrato de alquiler cuya renovación al alza no podrán asumir, y ya no solo en las que hasta hace poco se consideraban áreas tensionadas. En espera de que se hagan realidad los proyectos de promoción de vivienda protegida de precio accesible o social y de que alcancen un volumen suficiente para tener un impacto en el conjunto del mercado, los factores que impulsan a un alza continua los precios de alquiler y venta seguirán allí. Escasa oferta, trabas para iniciar nuevos desarrollos inmobiliarios, y una demanda creciente por un censo de población que crece tanto por inmigrantes cualificados que compiten en el mercado con las clases medias locales como por inmigrantes que buscan un techo en barrios donde se ha concentrado la población con bajos ingresos.

Estabilidad pues a la vista, con precios pero también salarios y pensiones moderadamente al alza. Aunque sin que la revalorización de los ingresos haya permitido recuperar la pérdida de poder adquisitivo acumulada en los últimos años, lo que obliga a evitar cualquier exceso de optimismo a la hora de hacer balance de la evolución de la inflación.

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