Opinión | EL ARTÍCULO DEL DÍA
Palabras famosas
Para el primer artículo del año es frecuente hacer una de estas dos cosas, balance del ya finalizado o convertir el texto en una especie de bola de cristal adivinatoria tratando de pronosticar lo que se nos viene encima en el próximo. Voy a ser original no haciendo ninguna de estas dos cosas.
No hay moda que triunfe en los EEUU y que no termine llegando a nosotros. Con las palabras del año así ha ocurrido, nació allí y por aquí ya llevamos más de diez años copiando esa ocurrencia. En esta ocasión la Fundación del Español Urgente (Fundéu RAE) ha decidido que en 2025 ha sido arancel la elegida. En años anteriores lo fueron emoji, aporofobia, vacuna y polarización, por citar solo cuatro.
Que arancel es una palabra muy importante en este último año es una verdad incuestionable. El innombrable la usa a diario y la sufrimos todos los demás. Como su significado es muy conocido no creo que merezca la pena detenernos más en ella, por lo que buscar algunas otras que en una lista muy personal podrían ser palabras famosas en estos momentos puede ser interesante.
Comenzaré por agobio. Dado el bombardeo constante e inclemente de noticias, muchas de ellas poco agradables, que nos llegan durante todos los minutos de cada día por tierra, mar y aire, la sensación de agobio no nos abandona, por lo que la considero, por desgracia, la palabra del momento.
Genocidio. He dudado si poner guerra, pero me parece que la tenemos ya tan asumida y asimilada en nuestro vocabulario que hoy es más relevante la que he elegido. En lenguaje utilizado por una mayoría de personas con cierto nivel de información se trata de un intento de acabar con una colectividad a la que se considera enemiga y digna de exterminio. Si queremos hacer una definición más jurídica debemos acudir al Estatuto de Roma en el que quedó definido el funcionamiento de la Corte Penal Internacional. En su artículo sexto lo define así: «actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal». Lo que estamos viendo contra los palestinos a manos del gobierno israelí encaja en lo que se entiende, popularmente o jurídicamente, por genocidio, por lo que creo que es una palabra de absoluta fama, desgraciadamente.
Estupidez: torpeza notable en comprender las cosas es su definición y la vigencia de esta tara en ciertas personas debería llevarnos a considerar esta palabra como famosa todos los años, es eterna. Si pretendo colocarla en esta breve lista de actualidad es por la actitud del alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, desalojando a unas 400 personas de un asentamiento irregular. Si cree que esa acción le sitúa como alguien enérgico y defensor del orden público no tengo más remedio que definirlo como estúpido, alguien fuerte con los débiles e incapaz de gestionar con sensatez un municipio.
Diabólico, palabra que no precisa de definición y que yo tengo presente desde que supe de la existencia de Curtis Yarvin, estadounidense con titulaciones universitarias obtenidas siempre de forma sobresaliente y que lleva unos años destacando en otro campo. Ingeniero a tiempo parcial dedica gran atención al estudio y difusión de ideas aterradoras. Defiende un mundo gobernado por un gran líder totalitario y en el que una buena parte de las personas sean poco menos que esclavos. Si a alguien le parece que este podría ser el argumento de una mala serie de ficción tal vez entrase en pánico si conociese sus publicaciones, muy seguidas en todo el mundo por quienes no ven mal el concepto de ultraderecha.
La expresión Inteligencia Artificial ya lleva unos años entre nosotros, pero es ahora cuando se está poniendo de manifiesto que no hay una única IA. En términos tecnológicos, como construcciones o intervenciones quirúrgicas, parece demostrada su gran contribución a la buena ciencia, pero la IAG (generativa, esa es la clave) el daño que va a producir es enorme. Sin insistir en los perjuicios a los escritores, y por citar solo un ejemplo, la publicidad, campo en el que los despidos (guionistas, diseñadores, actores, etc.) ya están siendo masivos puesto que la máquina lo hace todo.
Y ya que estamos en Aragón, la palabra de moda en estas tierras es datos o, mejor, centros de datos. Queremos ser la Virginia de España, eso se nos dice, incluso desde aquel estado norteamericano, al que se desplazó nuestro presidente, y que simboliza el modelo de modernidad que se transmite. Hay varias empresas multinacionales, líderes en estos asuntos, que van a invertir por aquí. De entrada, a todos nos parece una idea magnífica, inversiones, dinero, progreso, puestos de trabajo. Modestamente se me plantean algunas dudas: en tiempos de sequía, que los habrá, ¿quién decidirá la prioridad en el acceso al agua?; el agua empleada, que no consumida, ya lo sé, ¿a qué temperatura volverá al circuito fluvial?; ¿podrá el gobierno de España atender toda la demanda de energía precisa, cuando hay otras CCAA tan solicitantes como Aragón?; ¿hay estudios epidemiológicos serios sobre posibles alteraciones en los estándares de salud de los ciudadanos con viviendas próximas a las máquinas almacenadoras de datos?
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