Opinión | El comentario
Dos casos, ¿de cuántos?
Terminamos el año con dos noticias que, en poco más de quince días, pusieron encima de la mesa la atroz realidad de los abusos sexuales. No me refiero a los casos que ocupan portadas y referentes a algunos partidos políticos y que también podríamos analizar desde muchos ángulos, ni a los innumerables casos que se dan en otras instituciones.
Me refiero a dos casos en la diócesis de Zaragoza de los que tuvimos noticia, una vez más, a través de los medios de comunicación. ¡Qué sería de nosotros sin ellos!
El primero es el caso de un misionero de la Consolata que ha sido vicario parroquial en una parroquia de la ciudad. Esto significa que ha tenido un nombramiento firmado por el propio arzobispo de la diócesis, así que, ¿no cabía esperar siquiera un comentario desde la propia diócesis? El hecho de que sea religioso no significa que la diócesis no tenga nada que ver porque el nombramiento lo vincula a ella directamente. La congregación de los Misioneros de la Consolata tampoco ha hecho ninguna declaración. Incomprensible bajo cualquier punto de vista.
Este misionero, que llevaba en la diócesis desde abril de 2024, está acusado de supuestamente agredir a tres menores de edad en un albergue del Estado de Jalisco en Méjico, y desde julio de 2023 había una orden de arresto por parte de un juez mejicano. Tras un aviso de la Interpol, este misionero fue detenido en nuestra ciudad en marzo de 2025. Recientemente se ha ejecutado (o está a punto de ejecutarse) su traslado a Méjico para afrontar el juicio.
En ambos casos el silencio no es prudencia. En el caso de la diócesis ese silencio, que es clamoroso, se puede interpretar de varias formas. Desde que se quiera seguir con la política de no decir nada esperando que pase el temporal y no nos afecte, hasta que en ese nombramiento falte algo como podría ser la petición de informes sobre ese sacerdote –que es imperativo cuando se incorpora a la diócesis alguien de fuera–, y hasta una evidente falta de transparencia y de rendición de cuentas. Transparencia y rendición de cuentas son ya parte del magisterio eclesial a partir del Documento Final del Sínodo de la Sinodalidad 2021-2024. Transparencia y rendición de cuentas, se acompañan de la evaluación que pueden y deben hacer todos aquellos que tengan conciencia de ser Iglesia y todos aquellos que, en este caso, se sientan interpelados por la barbaridad que supone la lacra de los abusos, aunque no se consideren creyentes. En cualquier caso, un desprecio absoluto a los fieles de la diócesis y, sobre todo, a las víctimas, aunque sean mejicanas.
En el caso de la congregación de los Misioneros de la Consolata, el silencio tampoco juega a su favor, porque no deja de ser la manera de reaccionar más común cuando en alguna congregación se produce un caso similar. La presunción de inocencia no disminuye la responsabilidad de la congregación al haber permitido que uno de sus miembros estuviera en activo en una diócesis cerca de menores, en este caso la de Zaragoza, como si no supieran qué pasaba en Méjico.
Tanto a la diócesis como a la congregación, aunque el acusado fuera declarado inocente, les quedará una sombra encima por no haber dicho nada cuando el caso se hizo público. Si es declarado culpable, habrá que ver las excusas por no haberlo hecho, o de nuevo el silencio hasta que pase la tormenta. Todo es posible vista la falta de empatía hacia las víctimas.
El segundo caso es el de un sacerdote del Opus Dei, del que también hemos tenido noticia por algún periódico, y que estaba viviendo en Zaragoza desde hace tiempo. El Opus Dei, que siempre se ha presentado perfecto y modélico, aunque nada de eso sea cierto, resulta que tenía noticia de este caso desde los años ochenta –los hechos denunciados son de los años 90–, es decir, lo sabían antes y considera ahora que los hechos con «verídicos». Si tienen noticia de este caso desde hace tanto tiempo y no han reaccionado hasta ahora que se ha hecho público, cabe preguntarse ¿cuántos más esconden? ¿Qué otros tipos de abuso hay? ¿Admitirán algún día que tienen más víctimas? ¿Admitirán sus abusos de conciencia? Son preguntas que cualquier persona puede y debería hacerse por respeto a las víctimas en este caso del Opus porque, esperar algún tipo de información de ellos es imposible.
Los abusos están aquí, a nuestro lado, porque no informar no deja de ser un abuso de poder más. ¿Qué podemos esperar? ¿Qué hacemos?
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