Opinión | LA RUEDA
La sustancia de la unidad
El mundo avanza retrocediendo en luz y razón, ensalzando y alimentando un narcisismo fascista, autoritario y autodestructivo que se impone a nivel global, en las formas y en el fondo. Es la sustancia del capitalismo, unas veces más disimulada, con la pátina de la democracia, otras a cara descubierta, pero siempre la misma esencia.
Esa sustancia la hemos combatido desde las trincheras de la izquierda con análisis, organización, conciencia de clase y compromiso militante. Con más o menos unión o fragmentación, pero siempre dejándonos la piel. Y lo hemos hecho desde la política de la calle, siendo parte de asociaciones, sindicatos de clase, ampas, asociaciones memorialistas y republicanas, desde la solidaridad y el internacionalismo, asociaciones ambientales y ecologistas, feministas… desde lo que para nosotras significa ser militante: ser y estar en la vida sosteniendo permanentemente la bandera de lo común.
En este momento de auge reaccionario, con un ultraliberalismo totalmente depredador de la vida, como fondo, y los bulos, mentiras y discursos de odio y violencia como forma, se mira a la izquierda y a su responsabilidad de unirse contra esta realidad.
Y sí, sentimos la responsabilidad de estar a la altura, de combinar fuerzas y plantarle cara a la ultraderecha, pero no es tarea única de las organizaciones de izquierda, sino de cada persona que cree en la democracia. Tampoco la extrema derecha ha crecido porque lo hacemos todo mal desde la izquierda. Ha crecido porque la socialdemocracia ha permitido que la desigualdad crezca de manera insostenible, porque se ha dejado que se haga negocio con la vida y se impongan los valores de la antipolítica. Durante los más de dos siglos de sistema capitalista, sólo las izquierdas hemos gritado alto y claro que esto es una barbaridad.
Ahora se mira a la izquierda pontificando la unidad de cualquier modo y manera como parte de la solución, y me gustaría saber si han pensado en qué se debe sustanciar eso de La Unidad. Porque si la intentamos construir comprando las formas y fondos del enemigo, los cesarismos, la imposición, los vetos, la falta de respeto a la realidad territorial y las batallas campales en las redes sociales, ninguna unidad útil, sólida y duradera es posible. Y no es una opinión, es la constatación de lo que llevamos transitado desde hace una década. No hemos sentado unas bases éticas, democráticas y de confianza para construir esa unidad. No se pueden vender hacia afuera políticas y valores de izquierda, pero practicar a la interna políticas trumpistas de aniquilación y hegemonía de los espacios, sembrando de cadáveres las orillas.
Y solo esto estamos pidiendo: trabajar y construir esa unidad desde los valores que son nuestra identidad, o que deberían serlo. No nos aferramos a las siglas, somos muy conscientes de que las organizaciones políticas son herramientas que deben ser útiles para vivir mejor, pero no renunciamos a los principios. No compremos las formas del enemigo, volvamos al respeto, al diálogo y al cuidado común, no trabajemos sobre heridas sino sobre aprendizajes. Y un último deseo: que lo que no es izquierda también reme por cerrar las brechas de desigualdad y ponerle coto al capitalismo, de una vez.
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