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Opinión | EN EL PUNTO DE MIRA

El pucherazo de los cacos de la motosierra

Sospecho que los cacos de la motosierra se quedaron helados cuando vieron 124 sobres con papeletas del voto por correo junto a los 14.000 euros que robaron de la caja fuerte de la oficina de Correos de Fuente Cantos (Badajoz). El tercer golpe de la banda de la motosierra no podría acabar peor.

Ellos querían la pasta, no «hacer un pucherazo» en las elecciones de Extremadura. Ni entienden qué es el voto por correo ni qué es el sistema electoral. La contundencia de sus robos y la profesionalidad de los mismos, solo demuestra que sus actos no merecían más comentarios que los devenidos tras sus detenciones.

Pero mira por dónde la presidenta extremeña, en plena campaña electoral, entra en liza y se lanza a defender la democracia cual Marianne (heroína francesa símbolo de la revolución) envuelta en la bandera de España y portando cual pancarta la Constitución. «Están robando nuestra democracia, nos quieren silenciar, quieren elegir por nosotros… En democracia las trampas, las malas artes y el fraude no tienen cabida».Y la lío parda, tras semejante arenga le siguieron todos los capitostes del PP nacional, regional, provincial y hasta de los más obscuros cuartos de Génova 13 decidieron subirse al carro, así que semejante afirmación entró en el argumentario de jornada de esos días para fustigar al Gobierno y de ahí a las acusaciones de «encubridor, propulsor, o instigador», los llevaron en apenas unos segundos para acusarles de «pucherazo».

Ni el informe de la Guardia Civil certificando que el robo lo había hecho una banda de ladrones que venía operando en la zona con el mismo método les rebajó la calentura. En política, hacer el ridículo es lo peor, se paga caro. De ahí que el PP no enmendara y siguiera adelante con la infamia.

Ante el delirio de que hay una conspiración contra ella por estos 124 votos, luego recuperados, es inútil buscar cualquier tipo de razonamiento; es más, las pruebas de la Guardia Civil no las considera para rectificar, le reafirman en su paranoia. La política es un terreno propicio para las conspiraciones y los conspiranoicos. Por eso, cuando se dan casos como estos, hay que ser muy prudente, porque como decía un amigo: «a los paranoicos también nos persiguen».

Ahora bien, el daño que se hace al sistema democrático es irreparable, porque se lanzan bulos y denuncias contra un sistema electoral incuestionable en su limpieza y transparencia, y es ahí donde radica una parte esencial de la democracia. Con acusaciones de este tipo, además de hacer el ridículo se engorda a los antisistema, a los que la democracia les viene grande y a los facciosos, que aprovechan la mínima para sembrar cizaña.

El problema es que se está convirtiendo en habitual fomentar la incertidumbre sobre los procesos electorales o sobre algunos resultados como estrategia de desinformación, con el único objetivo de sembrar dudas sobre la legitimidad de los resultados. Para ello alegan irregularidades, fraudes, manipulaciones de políticos o actores externos y campañas en redes. Siempre con el mismo fin, erosionar la confianza en las instituciones democráticas.

Aznar es pionero en estas campañas. Siempre que gana el PP considera el proceso electoral legítimo y cuando no gana, es porque ha habido fraude electoral. Antes de presentarse a las elecciones para presidente del Gobierno de España en 1989, nadie puso en cuestión los procesos electorales. En aquella ocasión descalificó los resultados y recurrió los de Barcelona, Murcia, Melilla, Pontevedra... En la misma noche electoral de las elecciones generales de 1993, lo mismo. Como ganó las del 1996 y 2000, nadie lo cuestionó. Pero en 2004 ganó José Luis Rodríguez Zapatero tras los atentados de Atocha el 11-M y de nuevo la campaña de deslegitimización. Campaña que siguió en 2008 con la renovación del mandato. Como gobernó Rajoy en 2011 y 2016, nadie del PP habló de trampas.

Desde que Feijóo se presenta en 2023 sigue la misma estela de descrédito y arremetiendo contra el voto por correo, contra los resultados y contra la legitimidad del gobierno surgido de esas elecciones… hasta que logre ser presidente. Siempre con el mismo patrón, bulos y mentiras esparcidos por el partido y por las terminales mediáticas sin pruebas ni comprobaciones, como el caso de Extremadura. Y cuando la verdad prevalece, esconden la cabeza debajo del ala, no dan la cara y aquí no ha pasado nada.

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