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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Roma

La historia de Roma es muy conocida desde el primer siglo antes de Cristo hasta el segundo después de su muerte; no tanto antes ni después.

Respecto a la evolución del imperio una vez transcurridos los críticos mandatos de Tiberio, Nerón y Calígula, y dejando bastante atrás las figuras egregias de Julio César y Augusto, el nuevo ensayo (un manual, realmente) de Michele Renee Salzman, ha venido a profundizar en otros muchos momentos históricos, más tardíos pero igualmente cruciales para la suerte de los romanos.

Las caídas de Roma (Gredos) analiza, entre otras convulsiones, la instauración del cristianismo como credo oficial, por parte del emperador Constantino; la invasión de los bárbaros; la pérdida de la Roma ostrogoda y la reforma de Justiniano. Para concluir con un largo capítulo, a modo de clarificador epílogo, dedicado a la extinción del mítico Senado romano.

Cuerpo político que, como la autora nos recuerda constantemente a lo largo de su exposición, en ningún momento dejó de ejercer su influencia ni de incorporar legislaciones y acuerdos a la vida cotidiana de los pueblos integrados en el territorio imperial. Dominio que iría cambiando, como también de capitalidad (Rávena, Constantinopla...), a lo largo de los siglos cuarto, quinto, sexto y séptimo d.C. (período de estudio de esta profesora de historia de la Universidad de California).

Su tesis principal se resume en la capacidad demostrada por Roma a lo largo de esos cuatro siglos para emerger una u otra vez de sus puntuales derrotas, logrando reconstruir sus muros, sus instituciones, incluso su perdido poder. No siendo, por tanto, su supuesta decadencia un hecho continuo, con una trayectoria uniforme, sino un complejo proceso, integrado por numerosos elementos en evolución y cambio constante, a menudo sin retorno a modelos anteriores que iban quedando obsoletos, abandonados por los naufragios de la historia como partes desguazadas de buques que ya no pudieran navegar en los nuevos mares del tiempo antiguo.

Instituciones como la del propio emperador, el generalato o los prefectos urbanos sobrevivirán a hunos y godos, a crisis, atentados y guerras, manteniendo una cierta definición orgánica y ese famoso espíritu de la «invicta Roma».

Un útil y vigoroso estudio para comprender mejor el segundo acto del imperio.

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