Opinión | La guindilla
Corazón de piedra
Este premio reconoce actuaciones que, a lo largo del año, ponen de manifiesto una falta de sensibilidad humana y social
Desde el año 2013 la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales convoca el Premio Corazón de Piedra, para reconocer actuaciones que, a lo largo del año, pongan de manifiesto una falta de sensibilidad humana y social, para que la sociedad reconozca y valore estas expresiones de insensibilidad que, en ocasiones, podrían calificarse lisa y llanamente de crueldad.
Una convocatoria que se lleva a cabo en fechas navideñas, una época llena de deseos de amor y felicidad, por lo que los méritos de los candidatos y candidatas aun destacan más, si cabe.
La Asociación propone tres candidaturas, expresando los méritos que concurren en cada una de ellas y las somete a votación a través de las redes sociales, para decidir la ganadora. A lo largo de sus doce ediciones anteriores han recibido el premio Corazón de Piedra personas tan destacadas como Ana Mato, ministra de Asuntos Sociales en la primera convocatoria (2013), por sus recortes inmisericordes en políticas sociales, Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, por sus burlas y comentarios despectivos hacia los consumidores más vulnerables, o Carlos Mazón, el pasado año, por motivos obvios.
En la presente edición estas son las tres personas propuestas como candidatas a Corazón de Piedra: Juan Antonio Reig, obispo emérito de Alcalá de Henares, por afirmar durante una homilía: «Los niños que nacen con discapacidad física o intelectual o psíquica, esto ya es herencia del pecado y del desorden de la naturaleza». Unas palabras, dichas desde la impunidad de un púlpito, que ponen de manifiesto el desprecio a la genética y, sobre todo, la falta empatía con padres y madres de los niños y niñas con discapacidad y con las propias personas con discapacidad, a los que dice que su situación es herencia del pecado. Con tan sólidos argumentos, no habrá sido pecado proponer o votar como Corazón de Piedra a Monseñor, por su desorden científico y moral.
Severa González, alcaldesa de Jumilla, es otra candidata a Corazón de Piedra 2025, por prohibir el uso de las instalaciones deportivas de su localidad a la comunidad musulmana para una de sus celebraciones más importantes, como venían haciendo en años anteriores. Ello a partir de una moción de la extrema derecha exigiendo «el respeto y la protección de las tradiciones propias del pueblo español en el espacio público frente al avance de las costumbres ajenas impulsadas por políticas de cesión ideológica, electoralismo o presión económica». Hay que tener Corazón de Piedra, además de aguafiestas, porque con ese argumento pone en riesgo que en los espacios públicos de nuestros pueblos y ciudades se celebren costumbres como Papá Noel, Halloween o el Año Nuevo Chino por las calles de Usera en Madrid. ¿O esas no son costumbres ajenas a las tradiciones propias del pueblo español?
El tercer candidato es Xavier García Albiol, alcalde de Badalona. Esta ciudad fue durante años una referencia para los servicios sociales de toda España. Recuerdo el viaje que hicimos varios técnicos del Gobierno de Aragón en 1983 para reunirnos con los responsables de su ayuntamiento y conocer su experiencia, que nos fue muy útil para el desarrollo de los servicios sociales en Aragón y en otros muchos lugares. Por eso duele tanto ver esa localidad convertida en escenario del abandono y trato cruel a decenas de personas inmigrantes, a los que se acusa de todos los delitos y daños a la sociedad.
Desalojados del edificio donde se cobijaban y sin ninguna alternativa por parte del Ayuntamiento, son acosados y expulsados de cualquier espacio donde se intentan refugiar. Imágenes que, en días de frío y lluvia, en vísperas de Navidad, expresan la falta de empatía con quienes por no tener no tienen ni siquiera derecho a existir legalmente, a trabajar y a vivir en sociedad como el resto de seres humanos. Como se dice en la presentación de su candidatura, si Belén hubiera tenido un alcalde como Albiol, María y José, inmigrantes de Galilea (Palestina), habrían sido desalojados del portal donde se refugiaron, y hasta de las calles les habrían sacado echándoles cubos de agua (porque entonces no había mangueras, claro). Y la culpa, por supuesto, de Tiberio, por convocar un censo imperial que obligó a desplazarse y traspasar fronteras a personas y familias sin recursos.
El resultado no se conoce todavía, pero seguro que ha sido difícil dar el voto a uno sólo de estos tres candidatos. Porque los tres tienen méritos más que suficientes para ser reconocidos como Corazón de Piedra 2025.
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