Opinión | SALIDA DE EMERGENCIA
Sin estancias soleadas
Si las cosas van a peor es porque hemos desmantelado los cimientos que regían un orden mundial, que respetaba ciertos principios acordados
Las fórmulas de la guerra nunca son exactas, más bien son la suma de todas las derrotas que tienen forma de desacuerdo y falta de entendimiento y así en un momento dado surge la ocasión, el bombardeo y el caos. Comienza el año 2026 con guerras, con desorden mundial, con intervenciones quirúrgicas y un sinfín de desajustes que convierten al mundo en un lugar revuelto, como una cama desordenada donde nadie encuentra nada y lo que encuentra no tiene su par correspondiente, ni esa parte que completa el conjunto para hacernos visibles, aunque en ocasiones nos resulte más ventajoso ser invisibles. Y si no que se lo pregunten a Nicolás Maduro, que se entretiene diciendo «buenos días» y «feliz año» ante la mirada inquisitorial y de desprecio de los hombres que lo custodian y le advierten que las cosas no van a ir bien.
Y yo me pregunto, ¿qué significa ir bien en estos tiempos? ¿Ir bien es tener la certeza de que las cosas no van bien? Es una opción. O quizá, ¿ir bien es tener la certeza de que las cosas van a ir peor? Correcto. Y si las cosas van a ir peor es porque hemos desmantelado los cimientos que regían un orden mundial, que respetaba ciertos principios acordados tras la II Guerra Mundial y todas sus derrotas. Todo se desvanece y es como si el polvo se mantuviera en suspensión, frágil, esperando ese soplo que lo disperse y le haga olvidar que en otros tiempos las reglas eran distintas. Nosotros somos esas partículas que estamos en suspensión esperando un soplo que ya ha llegado y ante el que no sabemos qué hacer, porque todo es posible y la intervención quirúrgica será la tónica de una política despreciativa e imperialista que tanto dolor y desvelos nos causó.
Se han roto los puentes, se han fracturado todos los enigmas, se ha disparado con fuerza sobre todo lo que era leal, se ha envenado la sangre de los hombres buenos y en las venas de los hombres malos corren las ganas de poder e ira hoy más que nunca. Quizá por eso la lista de palabras impropias sigue creciendo y son los nuevos cantos de liberación de quienes dinamitan las estancias soleadas que fueron los hogares de las gente normal que quiere vivir y advierte cada derrota con el silencio y el pesar de la desesperanza.
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