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Opinión | Virando a babor

Sobre el sanchismo

Cada vez que oigo hablar de sanchismo me sube el nivel de indignación y me doy por aludido. Hace mucho que aprendimos que las etiquetas tienen múltiples aplicaciones, entre ellas sirven para estigmatizar. También sabemos que no conviene ser fanático de nada pero también que las ideologías existen, definen a las personas y los proyectos de sociedad, de futuro, que se quieren construir. Pues bien, digámoslo claramente: si se ataca a Pedro Sánchez es porque lo que intentan borrar del mapa es lo que representa. No toleran que las izquierdas ocupen el Gobierno de la nación aunque sea por voluntad legítima de la mayoría del Congreso de los Diputados.

Desde el primer día colocaron la diana en la cabeza de Sánchez, al que han hecho objeto de todos los ataques posibles, de tal manera que el discurso de las extremas derechas, no hay otras, no tiene otro objetivo: sacar a Sánchez de la Moncloa. Para ello todo vale: el ataque a su familia, el peor insulto mil veces repetido, la mentira, la exageración, la utilización de la peor manera de hacer política. «El que pueda hacer que haga» significa que todos a por él. Se hace desde los diferentes poderes y desde los numerosos medios y panfletos generosamente subvencionados por los gobiernos autonómicos, incluido el de Aragón. Da igual que se llame Sánchez o de otra manera.

Se personaliza en quien representa un proyecto político haciéndolo portador de todas las maldades sin mezcla de bien alguno. Es el apocalipsis, el totalitarismo, la dictadura, el peor año… Los mediocres lo hicieron en el pasado y lo harán en el futuro, en cuanto vuelvan a perder en las urnas. Por si esto era poco, aparecen los traidores indignos en la propia casa. Y reaparecen también los rencorosos, los desplazados de la escena y del poder por los militantes socialistas que votaron sobre el proyecto que querían y sobre el que no querían. Claro que ha habido errores, algunos no menores, pero muchos seguimos apoyando un gobierno de izquierdas que defienda los servicios públicos, que construya una sociedad más justa y solidaria, que vele por las minorías y defienda el Derecho Internacional. Y si eso es ser sanchista… pues vale. ¿Pasa algo?

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