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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Musgos

Desde un punto de vista biológico, el desarrollo de los musgos es extraordinariamente exitoso. No por su pequeño tamaño han sufrido fragilidad ni dejado de estar presentes en todos los ecosistemas. Hasta tal punto son universales que su número de especies, según inventario de Robin Wall Kimmerer en su ensayo Reserva de musgo (Capitán Swing). Se eleva ¡a veintidós mil!

Una de las virtudes de la familia de los musgos estriba en ocupar los espacios dejados libres por las plantas. Crecen en las grietas del asfalto de una carretera muy transitada; en cualquier rama de cualquier árbol; en la vertiginosa vertiente de un acantilado; incluso, según asegura la autora, ¡en el caparazón de un escarabajo! En los bosques no pueden competir con los árboles y por eso se ven obligados a adaptarse a sus sombras, siendo en la penumbra donde consiguen desarrollarse, adaptándose su clorofila a las longitudes de onda de la luz filtrada entre el arbóreo dosel que los recubre.

La reflexión sobre los musgos y sus especies lleva a Robin Wall, destacada botánica y luchadora por el medio ambiente, a meditar sobre la aparición de la vida en la tierra.

Vida que emergería de las aguas, en cuanto las condiciones terrestres así lo permitieran. Mucho antes de la aparición del hombre, el agua dulce de los estanques ofrecía un hábitat propicio para las algas (antecesores de los musgos). Gracias al agua y a los nutrientes en que estaban bañadas, las algas no necesitaban, para respirar y sobrevivir, estructura compleja alguna: ni raíces, hojas ni flores... Su red de filamentos les permitía absorber la luz solar y reproducirse. La actividad sexual ya no podía ser más sencilla en ese ambiente húmedo y templado de los primeros estanques. Las escurridizas hebras de las algas liberaban en el agua los necesarios óvulos y los masculinos gametos, surgiendo «hijos» de sus casuales fusiones. ¿Úteros, matrices... para qué? No necesitaban de matriz alguna, el agua les proveía de todo.

La vida se trasladaría a la tierra. ¿Cómo? Tal vez los estanques se secaron, tal vez las algas colonizaron las grietas de las rocas de las orillas... Durante el Devónico, hace trescientos cincuenta millones de años, las primeras plantas terrestres emergieron de humedales para tratar de sobrevivir en terreno seco. Esos primeros vegetales fueron los musgos. A partir de ellos, vendría todo lo demás, hasta configurar lo que hoy entendemos por planeta Tierra.

Musgos: ¿el origen?

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