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Opinión

El disputado voto del señor Cayo

Como ustedes podrán deducir, he utilizado el título del libro El disputado voto del señor Cayo, publicado en 1978, para hacer una reflexión particular sobre las próximas elecciones que se celebrarán el próximo domingo 8 de febrero en nuestra comunidad autónoma.

Por un lado, me gustaría recordar, tal y como refleja Miguel Delibes en esta magnífica novela, lo importante que es diferenciar la vida en el medio rural y la vida en la ciudad:

La dispersión geográfica es una realidad que requiere de un conocimiento profundo de los municipios de nuestra comunidad, fundamentalmente en su dimensión poblacional. La asimetría, respecto al reparto poblacional, nos indica que de 1.375.000 habitantes que tiene Aragón, el 53%, es decir 727.000, se concentra en la ciudad de Zaragoza y el 57% restante, aproximadamente 648.000 personas, se reparten entre ciudades que van desde los 56.000 habitantes en Huesca o 37.000 habitantes en Teruel, hasta el 85%, del total de los 731 municipios, que tienen menos de 1.000 habitantes.

Por eso es tan importante llevar a cabo unas políticas integradoras que garanticen un reparto justo de los recursos públicos, el reparto solidario, la calidad de vida en todo el territorio y una atención especial a los servicios públicos pensada desde la perspectiva de la rentabilidad social, la solidaridad y la mejora de la calidad de vida de todas y cada una de las personas que vivimos en Aragón.

Para ello, es fundamental que quienes nos vayan a representar, a partir del próximo 8 de febrero, sean personas conocedoras del medio rural y su entorno, personas familiarizadas con los problemas a los que estos pequeños municipios se enfrentan cada día y que conozcan sus necesidades reales para poder buscar soluciones y alternativas adecuadas.

Por otro lado y haciendo referencia al título del libro, me interesa profundizar en el adjetivo «disputado» en cuanto al voto se refiere:

Cada voto, en esta campaña, al igual que en otras, va ha ser sin duda muy disputado. El 3% necesario en Aragón para conseguir representatividad, para conseguir un escaño, hace que unas decenas de votos decanten la balanza hacia unos partidos o hacia otros.

Además, la situación actual, en cuanto a la polarización ideológica, afectiva y emocional que estamos viviendo, sin atreverme a decir que es mayor que en otras ocasiones, si no se ponen límites, va a condicionar, sin ninguna duda, la campaña electoral e incluso puede poner en riesgo, en un futuro inmediato, la convivencia social.

Teniendo claro que la política es el conjunto de acciones que se asocian con la toma de decisiones en grupo y que es difícilmente imaginable un sistema político sin oposición, deberemos incidir, como ciudadanos que formamos parte del estado de derecho, en que no todo vale para conseguir ese puñado de votos.

El respeto, la aceptación de la diversidad de ideas y el reconocimiento de la legitimidad de los demás no es debilidad, sino fortaleza para construir una democracia sana, tolerante y plural.

Debatir sin agredir, evitar imponer, bajar el tono y gestionar las emociones es el camino para construir el Aragón que nos merecemos. Quien insulta o esgrime argumentos, incluso ad personam, está poniendo de manifiesto su propia incapacidad para dialogar y revela una clara falta des argumentos sólidos.

Contaminar el debate con un discurso hiperbólico socava los valores fundamentales y busca desacreditar al oponente cuestionando su dignidad y legitimidad ante los demás. La agresión verbal hiere personas y debilita los pilares de la convivencia. Este discurso agresivo, planificado estratégicamente, suele cosechar titulares, por lo que algunos líderes lo utilizan deliberadamente sin importarles las consecuencias.

Por eso es tan importante que los propios partidos y actores políticos hagan un examen de conciencia, prediquen con el ejemplo y establezcan unos límites en lenguaje a utilizar en la campaña electoral. Incluso sería adecuado solicitar que sean capaces de denunciar públicamente a quienes, en sus filas, crucen la línea del respeto.

La gente está cansada de insultos, del «y tú más», de la polarización y de la mediocridad. Tengan altura de miras, defiendan sus propuestas con firmeza pero con respeto, sean conscientes de que están ahí porque son el ejemplo a seguir, demuestren que lo que verdaderamente desean es mejorar la vida la las personas que vivimos en Aragón y será lo que el pueblo decida.

Y a nosotros, a quienes van dirigidos los mensajes electorales, siempre nos quedará la sabia actitud de Antonio Machado: «A distinguir me paro las voces de los ecos».

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