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Opinión

Gran homenaje a Mihura

El Teatro Principal de Zaragoza ofrece un espectáculo teatral que invitará a recordar a muchos espectadores la figura de Miguel Mihura, y a otros a descubrirla. El autor de Tres sombreros de copa fue un puntal de la comedia de la postguerra, junto a Muñoz Seca, Edgar Neville y Jardiel Poncela, o actores como Fernando Guillén, Genma Cuervo y tantos otros; pudiéndosele asimismo atribuir un determinado tipo de humor, muy español, con un punto surrealista, que entroncó con grandes públicos y presentó aquellas comedias, sin etiquetarlas, como vehículos de pura e inteligente diversión.

La vida del propio Mihura, hombre de tablas desde casi su nacimiento, pues fue hijo de un autor y actor y siendo muy joven trabajó en varias compañías, sirve como hilo conductor a Mihura, el último comediógrafo, la producción de Nave 10/Matadero y Entrecajas que llega a Zaragoza con un sólido elenco de magníficos actores: David Castillo, Paloma Córdoba, Esperanza Elipe, Esther Isla, Rulo Pardo, Kevin de la Rosa y Álvaro Siankope. El texto de Adrián Perea los pone en acción sobre un desdoblamiento del Mihura real: el joven que viajaba con los cómicos de la legua y se enamoraba de bailarinas y señoritas de provincias y el veterano escritor que tomaba cócteles en Chicote, fundaba La codorniz, disfrutaba con sus estrenos y éxitos pero no renunciaba a esa especie de cáustico pero divertido escepticismo que lo convertía en un pensamiento crítico con piernas, a su ingenio en insatisfacción, y de nuevo a su decepción en esperanza, complicidad y risa.

Aquel carácter de don Miguel, endemoniado y tierno al mismo tiempo, valleinclanesco, ora dramático, más a menudo cómico, siempre inteligente, con algo de solitario y mucho de filosófico, encuentra en sus soliloquios la complicidad de un público que disfruta con la escenificación de su vida en un escenario suntuoso, como el del Principal, tan lleno de recursos como los baúles de la compañía ambulante o la exhibición actoral de los siete intérpretes dirigidos por Beatriz Jaén.

Un homenaje a Mihura, pero también al propio teatro, a su capacidad de supervivencia y conexión, al talento e imaginación de sus creadores.

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