Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | TERCERA PÁGINA

¡Qué diablos de doctrina Monroe!

En su crasa y soberbia ignorancia, el bravucón de la Casa Blanca, Donald Trump, se refirió a "las doctrinas" (sic) Monroe para justificar su ilegal y letal operación militar en Venezuela.

Digo "letal" porque en ella perdieron la vida unas setenta personas, entre ellas la guardia cubana del secuestrado presidente Nicolás Maduro, a quien alguien en las altas esferas de Caracas –algún día se sabrá quién– traicionó.

Pero como señaló el otro día un analista estadounidense, la doctrina Monroe, a la que apeló una y otra vez Trump en su insoportable verborrea, de ninguna manera justifica ni de lejos lo sucedido.

Esa doctrina la proclamó el presidente de EEUU James Monroe en 1823, es decir cuando las colonias españolas de América culminaban el proceso, iniciado en 1810, de independencia de la metrópoli.

La intención de Monroe era sobre todo impedir que las potencias coloniales europeas se inmiscuyesen en los asuntos de las nuevas repúblicas de aquel hemisferio, lo cual constituiría un acto hostil hacia Estados Unidos.

Como contrapartida, Estados Unidos no se interferiría en los asuntos internos de los países europeos. Era de hecho un reparto del mundo en zonas de influencia.

La doctrina se quebró, es cierto, en varias ocasiones a lo largo de aquel siglo, sobre todo con la intervención de Francia en México para establecer allí la breve monarquía del archiduque Maximiliano.

Pero la doctrina que mejor se aplica a la operación militar de EEUU en Venezuela para decapitar a su régimen y hacerse con el control político y económico de la República bolivariana es la que estableció en la práctica el duodécimo presidente de EEUU, James K. Polk (1845-1849).

Es la doctrina conocida sobre todo como la del “destino manifiesto”, tantas veces invocada por los gobiernos de Washington para justificar su política expansionista.

Polk, undécimo presidente de EEUU, ganó su elección en 1844 con la promesa de anexionarse la República de Texas, y cuando México se opuso, invadió el país vecino y le arrebató prácticamente la mitad de su territorio: los que son hoy los estados del suroeste de EEUU.

Polk amenazó también al gobierno británico con una guerra por el control del territorio de Oregón aunque los ingleses terminaron vendiéndoselo a EEUU.

¿No recuerda todo aquello no sólo la nueva operación militar de EEUU contra un país soberano para intentar quedarse con su petróleo y demás riquezas, sino las amenazas a Cuba, Colombia y México e incluso a un territorio autónomo de un país aliado europeo como es Dinamarca?

Poco o nada tiene todo ello que ver con la doctrina Monroe, como quiere hacernos creer Trump, y sí mucho en cambio con la que podría denominarse "doctrina Polk".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents