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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Tiki-taka

El comentarista deportivo Andrés Montes inventó hace años una expresión que iba a hacer fortuna: "tiki-taka".

Era una manera plástica y divertida de definir el juego de la selección española en la época de Vicente Del Bosque. Xavi e Iniesta, centrocampistas, secundados por el resto del equipo, controlaban de tal manera el balón que el rival apenas tocaba cuero. Una y otra vez Iniesta y Xavi combinaban entre sí, o con sus compañeros, en posesiones larguísimas que acababan desconcertando, por inactividad o aburrimiento, al rival, instaurando un dominio táctico aplastante por parte del cuadro hispano. Que no siempre, sin embargo, se materializaba en victoria, porque si, pese a su exhaustivo control del juego, la selección no marcaba, cabía el riesgo de una contra que desarbolase su confiada defensa, y a su aburrido portero, dando la victoria al contrario.

Algo así le puede suceder a Alberto Núñez Feijóo en su encuentro contra Pedro Sánchez.

La táctica del popular es parecida a la del tiki-taka, con un control territorial del campo político a base de dominar las sucesivas elecciones autonómicas programadas a lo largo de 2026.

Comenzando por la de Extremadura, y siguiendo por las de Aragón, Castilla-León y Andalucía, el líder conservador confía en mantener la pelota de la actualidad controlada en todo momento, sin dejar espacio a Sánchez para el contraataque, y manteniendo en situación de asfixia a un rival acorralado en su aérea, hasta que Sánchez no tenga más remedio que cambiar de estrategia, abriendo líneas, desprotegiendo su defensa y convocando elecciones. Corriendo, sin embargo, en ese momento Feijóo, que tan felices se las promete, el riesgo de que una jugada de Sánchez, como la que le hizo en los últimos comicios nacionales, le drible por la izquierda y en el último minuto de la prórroga le marque un gol que vale un partido.

Sin olvidar, tampoco, que en el banquillo popular no solamente opina Feijóo. Hay compañeros suyos que no comparten esta estrategia del tiki-taka o desgaste lento del adversario. Preferirían un juego más eléctrico y agresivo, atacando en vertical, más que dominando en estático, para noquear cuanto antes a los arrinconados socialistas.

Al final, claro está, lo que importa es ganar el partido.

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