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Opinión | Delante de tus narices

Fontaneros, bufones y paracaidistas

Aragón está en el foco y las elecciones anticipadas para conquistar el Pignatelli está provocando que la comunidad se convierta en tierra propicia para el desembarco de fontaneros, bufones y paracaidistas, perfiles habituales en todas las citas electorales pero me da la sensación de que vamos camino de la asfixia al ritmo que llevan todos los partidos. Empecemos por los bufones, que siempre hacen más gracia. La irrupción de Alvise en los comicios aragoneses solo demuestra que la fiesta está lejos de acabarse en España cuando este oportunista venido a menos decide regionalizar su show. Ahora que nos ha quedado claro que lo de repartir su sueldo de europarlamentario era solo una estafa, igual se inventa otro reclamo con el que volver a picar en sus fantasías. La política seria debería ser otra cosa, pero hoy en día estamos en manos del marketing y la palabrería, así que... sálvese quién pueda. Más espabilados andan los de Vox, que a fuerza de contradicciones, les basta tener a su líder, Santiago Abascal, pisoteando el terreno de Aragón para que sus encuestas sigan al alza y aprieten un poco más el nudo de la corbata del presidente Azcón, que ya tiene a Feijóo, Ayuso y demás barones como próximos paracaidistas a los que poco les importan los temas de Aragón. Lo mismo se podría decir de Sánchez y de los paracaidistas del PSOE, que los habrá. Pero como después del 8F resulte que la gobernabilidad de la comunidad dependa, otra vez, de aliarse el PP con la extrema derecha, o peor, de darle todavía más protagonismo, la jugada de Génova habrá sido un desastre y será entonces cuando la verdadera fiesta comience.

Seguro que si eso pasa, para entonces Zaragoza ya habrá tenido presupuesto para 2026. Sí, esas cuentas que representan lo negociado entre PP y Vox, que incluye muchas de sus partidas para apoyarlos sin problema y que ambos han decidido montarse este teatrillo electoral que ya nadie se cree que no están de acuerdo. El 26 de febrero, unos y otros darán el ‘sí’, y nos olvidaremos de toda esa milonga de la cuestión de confianza y de que no pasa nada si Vox no apoya. Pero esto ha provocado que la alcaldesa, Natalia Chueca, y su equipo se pongan el traje de fontaneros de Azcón y empiecen a hacer lo que la ley no le deja hacer a él con las elecciones convocadas (como promocionar el futuro centro de salud en Arcosur con la excusa de que se les ha cedido el suelo) y a atizar, un día sí y otro también, a Vox con el argumento de que la extrema derecha bloquea el progreso y unos buenos presupuestos. Se van turnando y así parece hasta creíble. Pero cuando pase el 8F, pelillos a la mar, se habrá acabado la fiesta para todos.

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