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Opinión | Apuntes al margen

Un mundo nuevo y ¿ahora qué?

El secuestro del presidente venezolano por parte de EEUU nos ha dejado alucinados. Todavía me ha alucinado incluso más que a los pocos días del secuestro (y asesinato de alrededor de 100 personas), los EEUU han dicho que eso del cártel de los Soles y de que Maduro es un narco, que igual no es tan así. Que quizá el tal cártel no existe. Venezuela e Irak se parecen en que tienen petróleo y entes mágicos e irreales como el cártel de los Soles y las armas destrucción masiva. Sin embargo, lo de Venezuela solo es un cuartito de vuelta más del mundo que ya está aquí. En los últimos años hemos visto a Rusia querer emular al viejo imperio intentando conquistar Ucrania. También hemos visto a Netanyahu avanzar hacia el gran Israel genocidio mediante. A Trump, que no lleva un año en el poder, le hemos visto bombardear Yemen, Nigeria, Irán, Irak, Somalia, Siria y Venezuela, amén del mencionado secuestro. Los siguientes serán Colombia, Cuba o Nicaragua, aunque a México también lo ha amenazado. Incluso puede que se atreva con Groenlandia, es decir, con territorio soberano de un país de la UE. Pero su faceta de emperador incluye también la creación de nuevos tributos a las importaciones en su país y la obligación para sus aliados/súbditos de comprarle armas. Lo de meterse en asuntos de otros países, e incluso plantearse destruir la UE desde dentro apoyando a gente como Abascal, es otra cosita más. Los imperios han vuelto, la razón de la fuerza vuelve a dirigir el mundo. Es lo que hay y más vale adaptarse.

Trump, Putin y Netanyahu, pero también Erdogan que cuando le conviene ocupa franjas de Siria. O Modi que ha tenido alguna escaramuza fronteriza con China y una liada mucho más seria con Pakistán. La fuerza manda.

Y en este contexto, ¿qué hacer? Pues básicamente hay dos opciones: la primera es agachar la cabeza y hacer lo que nos diga el emperador americano o el aspirante ruso, que son los que están metiendo mano en Europa. La segunda es construir mecanismos para defendernos. Habrá que elegir entre ser una colonia del S. XXI o hacerse respetar. La primera será muy dura y supondrá tener que pagar puntualmente al imperio mafioso que nos extorsione. La segunda opción es ponerse de pie y levantar la voz. Esta alternativa exigirá sacrificios y tampoco será plato de buen gusto. Los países europeos no somos capaces de hacernos respetar cada uno por nuestro lado. Por ello, a pesar de todas sus deficiencias, es el momento de apostar por una Europa más unida, más fuerte y más soberana.

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