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Opinión | Sala de máquinas

Próximo abordaje: Cuba

El gobierno norteamericano viene menudeando sus amenazas contra Cuba.

No es nada nuevo. Cobrarse esa pieza es una asignatura pendiente en la política yanqui desde los tiempos de Kennedy. Nada le gustaría tanto a Trump como pasar a la historia como el presidente que derrocó a los Castro y terminó con la revolución marxista y el régimen que viene deprimiendo la isla en los últimos sesenta años.

Donald el Sucio no está solo. Su secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de exiliados cubanos, y otro que tampoco juega limpio, arde en deseos de poner un pie en la isla al mando de sus tropas. Altos militares aprobarán ese plan en el Pentágono. Una vez humillada Venezuela, la armada se aburre en el Caribe y necesita nuevas dosis de acción. Perseguir petroleros fantasmas puede resultar divertido, pero nada comparado a recuperar La Habana y sus cayos como centro vacacional para tomar mojitos, bailar salsa y jugar al póker Montana bajo las estrellas. Pronto los cubanos podrían experimentar la misma sensación que los chavistas frente a los marines merodeando por tierra, aire y mar mientras tiburones financieros hacen cuentas con su turismo y caña de azúcar.

«Cuba está madura para caer», ha dicho, ha trompeteado Trump. Ciertamente, la posición de Raúl Castro y Díaz-Canel, de la brutal e inútil dictadura que todavía rigen, es de extrema debilidad. Cuba carece de combustible, electricidad, servicios sanitarios. Gente inocente muere en las calles, acribillada por el dengue, el oropuche, la malaria, la tuberculosis, la hepatitis A, por el hambre, la gripe y la drogadicción. En el centro mismo de La Habana tachos de basura sin recoger y fachadas en ruinas recuerdan a Haití. No hay comida, no hay formación, no hay libertad. No hay futuro. La mazmorra isleña de los Castro se viene abajo en medio de las protestas sociales, reprimidas a trallazos, a golpe de tortura por dirigentes devenidos en verdugos. El sueño de la revolución ha dado paso a la pesadilla de una realidad que los cubanos no quieren, en la que ya no creen.

¿Próximo abordaje, La Habana? A los bucaneros de la Casa Blanca les encanta ese puerto.

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