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Opinión

¡Así no!

El año ha comenzado con alarmantes noticias sobre Venezuela. Desde el más poderoso portaaviones de EEUU, el agresivo e irresponsable presidente Trump lanzó un ataque aéreo sobre el país latinoamericano y secuestró a su presidente, tras comprobar que los ataques a lo que él llama narcolanchas no despertaron una repulsa universal digna de ser tenida en cuenta.

Con ser gravísima, la cosa no paró aquí: ¡el enloquecido presidente anuncia que va a anexionarse Canadá! ¿Por qué razón? Nada, pues ya que está ahí al lado; y otro tanto con Groenlandia, Colombia, México. La comunidad internacional débilmente señala la sinrazón, la amenaza que supone semejante personaje, pero todos le temen. En este su segundo mandato como presidente de EEUU y con un perfil psicopático y sumamente agresivo, presume de tener el ejército más poderoso de la tierra, algo que es de dominio público, también se sabe que el presupuesto militar de Estados Unidos equivale a la suma de los presupuestos militares del resto de países del mundo, así de loca es la situación.

De aquí se derivan consecuencias y ellos han llegado a manifestar que «cuando uno tiene un bonito martillo, le ve a todo forma de clavo»: una amenaza que nos alcanza a todos. Otra consecuencia es que ese presupuesto les está arruinando tal como el despilfarro de la corte de María Antonieta arruinó a la Corona francesa que acabó endeudada con la pujante burguesía que finalmente les eliminó de la ecuación.

EEUU está endeudado hasta las cejas con China como se sabe, su ejército es muy mono pero también muy caro, y por eso Trump nos fustiga a los europeos para que paguemos más y desde hace un tiempo ellos intervienen en las diversas guerras que aún se suscitan por el mundo, pero luego pasan la gorra: la colaboración militar ya no es gratis. Hay ejemplos tan cercanos como la guerra de Ucrania, aquí en suelo europeo luchan y se matan rusos y ucranianos y los poderosos dueños de la industria armamentística de EEUU hacen caja y de qué manera: 2025 fue buenísimo para ellos y con las exigencias de Trump de aumentar nuestros presupuestos militares, este 2026 puede ser aún mejor.

Pero Venezuela es otra pantalla: EEUU consume más petróleo del que produce y no quieren bajarse de ese burro; mientras el mundo entero intenta reducir el consumo de hidrocarburos ellos insisten en que su estilo de vida «no se toca». Ya se quedaron con Iraq, importante productor de petróleo, a plena luz del día y tuvimos que tragar. Ahora llevan tiempo codiciando el petróleo de Venezuela; y tras ver que con lo de las lanchas no hubo tanto revuelo decidieron dar el paso y así, contra todo pronóstico, ya que se supone que somos una comunidad humana universal que nos atenemos a reglas y observamos normas de derecho internacional, violan territorio venezolano y secuestran al presidente Nicolás Maduro.

Tan rápida y sorpresiva operación despierta alguna sospecha sobre algún entendimiento previo entre Trump y Maduro. No conocemos los entresijos de la acción de guerra pese a no ser la primera de esta naturaleza perpetrada en territorio latinoamericano, pero desde muchos puntos de vista su situación no era muy envidiable.

El bochorno, la vergüenza, la humillación es para todos nosotros latinoamericanos: seguimos siendo un territorio sin autonomía, siempre interferido por el «amigo americano» que hace y deshace a su antojo con nosotros, que no respeta la soberanía, que se burla de la «autodeterminación y no intervención» que defendíamos en los 70, que defendió Salvador Allende en Naciones Unidas, un «amigo americano» que sólo nos mira con los ojos de su conveniencia económica.

Sabemos que esta nueva derecha, este neoliberalismo salvaje que campa por el mundo va presumiendo de matonería, de agresividad, pero siempre es humillante verles actuar delante de nuestros ojos y nuestra paciencia atropellando todo aquello en que se basa la convivencia internacional. Y hacia delante, a medio plazo, veremos en Venezuela, que como en Iraq, aquellas promesas de democracia se trocarán, además de saqueo general del país, en abusos, revanchas, atropellos y violencias, esta vez de derechas, que ojo, la violencia de derechas ha demostrado la historia que no es ningún paseo.

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