Opinión
Trump se queda con Rodríguez
Había una gran expectativa, ayer, ante el almuerzo que Donald Trump ofreció en la Casa Blanca a la líder de la oposición venezolana, María Corina Machado. No era para menos. El encuentro había sido convocado al día siguiente de que Trump afirmara que la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, que persiguió a Machado, era una mujer «fantástica» con la que tanto él como el secretario de Estado, Marco Rubio, mantienen un diálogo fluido. En consecuencia, la reunión debía servir para saber si el presidente norteamericano reiteraba su disposición a gestionar Venezuela de acuerdo con Rodríguez o si se comprometía con una transición democrática más efectiva, contando con Machado, tras la captura y secuestro del líder chavista Nicolás Maduro. Los elogios de María Corina Machado a la intervención militar norteamericana no parecen haber modificado la posición de Trump que ya manifestó, hace unos días, sus dudas sobre su representatividad y su capacidad para encabezar una transición. Pese a manifestar, al término del almuerzo, que Machado es una «mujer valiente», y pese al compromiso vago de la Casa Blanca de celebrar elecciones, sin precisar la fecha, todo indica que Trump ha vuelto a optar a corto plazo por los herederos de Maduro, aunque la líder opositora dijera que cuenta con el presidente de EEUU para que Venezuela alcance la democracia.
Machado buscaba acuerdos más concretos que no se han producido, o que no se han anunciado públicamente. Trump ya había anticipado que solo iban a hablar de «lo básico» mientras ella acudió a la reunión con una larga lista de presos políticos y de advertencias sobre las intenciones de Rodríguez, que considera contrarias a la democracia. Tampoco parece haber tenido efecto su intención de hacer partícipe del premio Nobel de la Paz al presidente norteamericano, aunque solo fuera a efectos simbólicos para no vulnerar las normas que impiden compartirlo o transferirlo. La disposición de Trump a tratar con Delcy Rodríguez pone de manifiesto que la operación militar que permitió la captura de Maduro estaba más orientada a defender los intereses y la seguridad de Estados Unidos que a promover la democracia en Venezuela. La reunión que mantuvo la pasada semana Donald Trump con las principales compañías involucradas en la extracción de petróleo en Venezuela -entre ellas, la española Repsol- así lo demuestra. Desde hace años, Delcy Rodríguez ha sido la interlocutora de estas compañías. Todo parece indicar que la Administración norteamericana se dispone a hacer lo propio para controlar la extracción de minerales, oro y tierras raras que Washington ambiciona con el mismo argumento con el que aspira a hacerse con Groenlandia: si no están en manos de Estados Unidos, acabarán cayendo en manos de Rusia y China.
Puede que, efectivamente, María Corina Machado no tuviera los necesarios apoyos entre los poderes fácticos venezolanos, en particular el Ejército, para encabezar una transición exitosa, tras la caída de Maduro. Sin embargo, la mayoría de los observadores consideran que su movimiento, encabezado por Edmundo González, ganó las últimas elecciones pese a las trabas y la persecución del régimen. En consecuencia, la decisión de Trump de marginarla del futuro inmediato de Venezuela no puede ser una buena noticia para la democracia en este país.
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