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Opinión

Cambalache

En este cambalache que ya es el mundo, va Corina Machado y le dice a Trump que quiere compartir con él ese sorprendente premio Nobel de la Paz que recibió de los noruegos y que el presidente norteamericano perseguía sin disimulo inventándose acuerdos de paz y recibiendo el apoyo de gente tan dudosa como Netanyahu o el presidente de la FIFA. La verdad es que ese galardón ya olía mal desde que el 2009 lo recibiera Obama y el 2012 la Unión Europea sin que ninguno hubiera hecho nada para merecerlo. Y no conviene olvidar que en 1973 se lo dieron a Henri Kissinger, aquel secretario de estado que promovió más dictaduras en Latinoamérica que todos sus sucesores juntos. De todas formas, Al Gore elevó el listón el 2007 al sumar al Nobel de la Paz un Oscar de Hollywood por Una verdad incómoda. Lo más grave y novedoso del caso Corina es que nadie ha prestado atención a la comisión del parlamento noruego al advertir que el premio es intransferible. Mal deben andar las cosas cuando hay que decir lo obvio y nadie lo oye.

El enfado de Trump por no recibir el Nobel de la Paz me recuerda al cabreo de Vinicius al no conseguir el Balón de Oro del 2024. Además, su club, el Real Madrid, tan ofendido o más que el brasileño, prohibió a sus jugadores presentarse en la ceremonia. Después de aquello a nadie le puede extrañar que, en la reciente final de la Supercopa, Mbappé haya impedido a sus compañeros hacer el protocolario pasillo al Barça, ganador del encuentro, para recoger el trofeo, ante la atónita mirada de su entrenador, Xabi Alonso. Solo faltó que el Barça hubiera propuesto entregar la supercopa a los de Chamartín a cambio de recibir la mejor posición que estos ocupan en la primera fase de la Champions de este año.

Tampoco desentonaría en este despelote la posibilidad de que una estrella de la TV recibiera un premio Planeta y que luego propusiera cambiarlo por un sillón en la Real Academia de la Lengua. Aunque tal despropósito aún no se haya completado, sí hemos visto que un escritor de verdad utilizado por cierta estrella de la tele para publicar su libro, coló un plagio para que los lectores avezados lo encontraran y la supuesta autora quedara humillada. En fin, como canta Enrique Santos Discépolo en Cambalache, «los inmorales nos han igualao».

Por cierto, pocos recuerdan al argentino, pues su tango ya casi pertenece a Serrat. Esto no es nuevo, pues se dice que Hamlet es una obra de Shakespeare, cuando este solo hizo que recrear una antigua leyenda, o que La Gioconda es de Leonardo Da Vinci, pues también intervinieron en su creación otras gentes de su taller, como da fe la copia del Museo del Prado, o que Don Pelayo fue el creador de España, cuando el primero en llegar fue Túbal, nieto de Noé. En fin, que navegamos entre copias, mentiras y ficciones sobre un inmenso merengue de soberbia e ignorancia.

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