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Opinión | VIRANDO A BABOR

Zaragoza

La epidemia del trumpismo

El autoritarismo se contagia, las tácticas se reproducen, los pseudoargumentos se copian y la Democracia se deteriora

El mundo cambia a marchas aceleradas y lo hace a peor gracias a psicópatas como Trump o Putin. Tenemos la certeza de que acaba una época y comienza otra imprevisible e inquietante en la que ya no hay normas, no hay Derecho internacional. Sólo la «moral», y vaya moral, de los más fuertes, de los que no tienen escrúpulos pero tienen mucho poder para imponer sus decisiones.

Y no son sólo ellos sino los babosos que les halagan, las élites económicas que se benefician de tanta arbitrariedad, de establecer la ley de la selva volviendo a los modos y maneras de relacionarse, a la sinrazón y la barbarie, de hace cien años. Y ante la voluntad del emperador los cipayos vende patrias manifiestan su «patriotismo» apoyando sus decisiones, callando ante otras, siendo cómplices, siendo aprendices de sátrapas, utilizando cuando pueden el poder judicial, los medios de comunicación comprados con dinero público, colonizando las redes desde el cobarde anonimato para verter odio, bulos e insultos.

Jason Stanley es un filósofo y ahora profesor en la Universidad de Toronto y colaborador de la Facultad de Derecho de Yale. En su último y muy recomendable libro titulado 'Borrar la historia. Cómo los fascistas reescriben el pasado para controlar el futuro' (Blackie Books, 2025) sus editores cuentan que el autor tuvo que tomar una dolorosa decisión: abandonar Estados Unidos «empujado por el miedo al régimen posfascista que el segundo mandato de Donald Trump y su movimiento MAGA han consolidado. Hoy vive en Canadá». «Me fui, dice el profesor, para criar a mis hijos en un país que no se está inclinando hacia una dictadura fascista». Pues la evolución de los acontecimientos parece darle la razón. Él, que ha demostrado en su trayectoria académica su prestigio como estudioso del fascismo, sabe de lo que habla y preocupa su decisión.

Pues esto funciona como una epidemia. El autoritarismo se contagia, las tácticas se reproducen, los pseudoargumentos se copian, la Democracia se deteriora y aquí estamos, en una campaña electoral que ofrece muchos ejemplos de lo que es jugar sucio, comprar voluntades y manipular al electorado. Así es muy difícil ganar a la Derecha. Pero habrá que intentarlo.

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