Opinión
El futuro del turismo
El turismo español vuelve a celebrar estos días la feria profesional Fitur en Madrid. Una ocasión en la que comunidades autónomas y municipios exponen sus argumentos para seguir atrayendo al visitante español e internacional, en una permanente competencia para mejorar su oferta. También es una cita en la que hacer balance del momento del sector. No solo cifras en bruto de visitantes e ingresos, sino aún más: tendencias, transformaciones y adaptaciones a la evolución a la demanda, a la necesidad de embastar la convivencia entre ciudades, vecindario, economía y experiencia del visitante.
Las cifras ya consolidadas del sector en 2025 señalan una llegada récord de visitantes extranjeros, 97 millones. Un incremento del 3,5% pero, además, con un aumento del 6,8% del gasto. El turismo sigue mostrándose como un sector insustituible en su capacidad de generar empleo tanto entre puestos de trabajo cualificados como no cualificados y de distribuir riqueza por el territorio. La apuesta por la reindustrialización o la innovación con más valor añadido no llegan como sustituto a la dependencia de este sector sino como una suma que permite desarrollar una economía próspera y diversificada en la que el turismo siga teniendo un papel central.
De la estadística de 2025 destaca la continuidad del proceso de desestacionalización del turismo extranjero, un objetivo buscado desde hace décadas para sostener la actividad y el empleo durante más meses del año, contener la saturación en las fechas del verano y consolidar alternativas ante un posible agotamiento del turismo de sol y playa, tanto por el incremento de temperaturas veraniegas que pueden ser disuasorias en un contexto de cambio climático como por su vulnerabilidad ante otros competidores de bajo coste. En este sentido, se progresa adecuadamente: en los últimos diez años, los meses de julio y agosto han pasado de representar el 26% de las visitas desde el exterior al 22%, en una tendencia que parece además sostenida. Las bazas para este cambio han sido la potenciación del turismo urbano y cultural y del turismo de naturaleza y deportivo. El propio sector, en un proceso de reflexión que el lobi Exceltur formalizó hace ya dos años con su manifiesto Por un turismo con propósito, responsable, inclusivo y regenerativo, asumió esta hoja de ruta que asume la necesidad de reestructurar la oferta a partir de un nuevo consenso social que va más allá de la dialéctica de desarrollismo o turismofobia.
En el desarrollo de este nuevo modelo turístico que siga generando más prosperidad y haga que su éxito sea sostenible por las vías de desmasificación, la diversificación y la desestacionalización, dos capitales como Barcelona y Madrid tienen mucho que ofrecer a través de su oferta cultural. También a través de la colaboración entre ellas. La alianza de cultura y turismo no solo es una palanca para el dinamismo económico, lo es también, como lo demuestran las instituciones con un pie en cada capital, para un diálogo enriquecedor.
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