Opinión | TEJIENDO PALABRAS
RAFAEL SÁNCHEZ SÁNCHEZ
Profesorado y salud mental
El malestar psicosocial del profesorado en los últimos años va en aumento. Las causas de baja laboral de los docentes suelen ser por ansiedad, estrés crónico y agotamiento. Estos problemas son constitutivos de un proceso que culmina en un deterioro de la salud mental. La función docente y educadora es una profesión de riesgo. La sociedad no puede mirar para otro lado en este problema que se va haciendo endémico. Tenemos que hacernos preguntas certeras que nos lleven a respuestas sensatas ante un problema que es multifactorial. Ser profesor hoy no es igual que hace treinta años, tampoco nuestra sociedad es la misma. El profesorado de hoy se enfrenta a un incremento exponencial de la conflictividad y conductas disruptivas en el aula, tiene dificultades para ejercer la autoridad docente, se encuentra con problemas de salud mental de adolescentes, recibe presiones por los resultados académicos negativos y el fracaso escolar, tiene una sensación de falta de respaldo institucional ante los conflictos que se producen con el alumnado.
En este panorama de problemas que afectan a la salud mental del profesorado se pueden considerar unos ejes causales de carácter estructural, relacional y personal/profesional. Sin ánimo de ofrecer una visión reduccionista del problema global, estas causas se resumen en lo siguiente: sobrecarga de tareas y burocracia, aulas masificadas, conflictos con el alumnado y sus familias, falta de apoyo institucional, formación pedagógica insuficiente, con cierta frecuencia se respira un clima escolar adverso y enrarecido dentro y fuera del aula, déficit psicoemocional del profesorado para afrontar la adversidad en el trabajo docente, percepción de baja autoeficacia.
El profesorado necesita que la sociedad se implique en el complejo problema de la acción docente, que es esencialmente educadora. La educación no corresponde en exclusiva a los profesores, es asunto de toda la comunidad, la sociedad entera debe involucrarse en la tarea educadora. Si un profesor dice que él solo enseña, se equivoca. Si la familia exige a la escuela que enseñen y eduquen a su hijo, pero ella no se implica en este proceso, se equivoca. Si la administración educativa aturde al profesorado con cargas burocráticas y le responsabiliza con tareas estructurales que no le corresponde resolver, se equivoca.
Con este diagnóstico, el profesorado se encuentra indefenso. Hay profesores que viven un largo calvario de incomprensión, de desamparo, de desafección. Su vida profesional pierde sentido. Es duro decirlo, pero, al final, el sentimiento generalizado se resume en ideas que culpan de manera categórica a alguno de los componentes de la comunidad educativa: los padres culpan a los profesores; los profesores culpan a los alumnos y sus familias; la administración educativa también recibe las culpas de todos y, a su vez, las atribuye a todos. Lo que ocurre en el aula, lo que ocurre en el centro educativo es un reflejo de la sociedad. Nos importa un bledo que la gente sufra, que tenga problemas…, solo nos importa que ese problema no me afecte a mí. Ante esta situación, no podemos ser indiferentes. La salud mental del profesorado es tan importante como la del alumnado, y de la sociedad en su conjunto. De momento, con este artículo no se va a resolver nada, pero, al menos, a quienes están sufriendo el problema, les invito a realizar algún programa formativo orientado a la mejora de las relaciones interpersonales y del desarrollo emocional como un camino que posibilita estrategias para afrontar las adversidades y los conflictos que se generan en esta profesión. Es un primer camino para preservar la salud mental. Para ello, sugiero lecturas, coloquios y conversaciones personales que nos descubran caminos y experiencias en el ámbito de la filosofía, la pedagogía y la psicología. Aquí, en Aragón, contamos con estupendas instituciones que están trabajando con éxito la difusión de la educación emocional, con la mirada puesta en la implementación en la escuela y en otros ámbitos de trabajo, como es el caso de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía, que tiene en su haber un amplio recorrido de años en los que ha hecho un buen número de congresos y acciones formativas sobre la inteligencia emocional y el bienestar. En definitiva, este problema de salud mental es un desafío que puede resolverse, en parte, con las estrategias que ofrece la inteligencia emocional.
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