Opinión
Un jardín menos jardín
Son muchas las personas que me han escrito para expresar sus quejas sobre la remodelación que ha sufrido el Jardín Botánico
Son muchas las personas que me han escrito para expresar sus quejas sobre la remodelación que ha sufrido el Jardín Botánico del parque José Antonio Labordeta y lo han hecho por dos razones: porque no entienden que las cosas se hagan así, tan sin tener en cuenta a la ciudad, sus nostalgias y su historia y también porque me saben hija del hombre que da nombre a ese parque, que es hermoso y es un espacio de la ciudad en el que todos tenemos una historia o más de una y del que hemos sido auténticas enamoradas cuando el refugio era el Rincón de Goya y allí escuchamos a Camarón o a Leonard Cohen y besamos con besos de algodón.
Es cierto que también pasó por épocas oscuras y de abandono, teniendo como tiene un edificio emblemático del patrimonio arquitectónico español, al ser el primer edificio de corte racionalista que se diseñó en España y que inicialmente estaba destinado a convertirse en el museo del pintor y hoy alberga un Centro de Educación Especial. Digo que el parque está lleno de rincones, porque así es, y cada uno, La Rosaleda, el Jardín de Invierno, el Cabezo… tiene su encanto, su historia y destila amores, sueños, fiestas, paseos, rupturas, silencios, soledades, amigos, familia y todo eso también estaba en el Jardín Botánico que hoy, tras la remodelación por parte del Ayuntamiento de Zaragoza y una inversión de 1,3 millones, es simplemente más feo. No porque ya no estén los patos, que tan felices han hecho a miles de niños y niñas y a algunos no tan niños o porque haya especies que, como señala la Asociación Naturalista de Aragón, hayan desaparecido, hablan de 37 y también de la tala de árboles al inicio de las obras, sino porque parte de la magia de ese lugar le ha sido arrebatada de forma indecorosa y ya no hay estanque ni acequias que lo hacían jardín y en su lugar hay unas cascadas metálicas que no se entienden y son feas y unos caminos que invitan a todo menos a la belleza.
Hay una persona que dio la voz de alarma y su nombre es Rosa Portero Gimeno, quien ha creado una cuenta en change.org solicitando que vuelvan los patos al jardín botánico y denunciando todo lo que no se ha hecho bien en un espacio que tendría que estar al margen de las modas, que a veces son tan ostentosas que desvirtúan las cosas pequeñas que forman parte de nuestros placeres cotidianos.
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