Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Elecciones

Dice una antigua enseñanza budista que un maestro armado con un garrote le dijo a su discípulo: «si me dices que este palo es de verdad, te pego con él; y si me dices que no es de verdad, también». El aparente sin sentido de la frase proviene de que si en Occidente hemos decidido distinguir A y B (en este caso: verdad y no verdad), resulta que allá, en el extremo Oriente, caben dos posibilidades más. Por un lado, A y B: «el palo es y no es de verdad». Por otro lado, ni A ni no B: «el palo ni es de verdad ni no lo es». La primera opción es la propia de los juegos de palabras, los chistes y, en general, la perversión, todo ello tan antiguo como la propia historia de nuestra especie. La segunda, más potente, pues cuestiona la realidad dibujada por la pregunta (que no hay nada fuera de la verdad de y la no verdad), es del orden de la subversión y es más difícil de alcanzar pues exige más imaginación y creatividad.

Esto viene a cuento de las próximas elecciones autonómicas, ya que la política institucional propone dos bandos aparentemente irreconciliables, como son la izquierda y la derecha, pues el eje Aragón/España pinta, aunque algo, muy poco. El caso es que dentro de cada bando hay enemistades parecidas a las totales, ya que Vox no soporta la moderación del PP, mientras que el PSOE huye del extremismo de sus socios de izquierda. Lo cual nos lleva sin remedio a las otras dos opciones que nos ofrece la lógica budista.

La primera (A y B) sería votar a los dos bandos a la vez, sean estos los que hay en las izquierdas, en las derechas o en ambos flancos. El problema es que nuestro aristotélico y estrecho régimen electoral no permite tal acrobacia, aunque se le acercan el voto nulo o en blanco. La otra opción sería no ir a votar y dedicar ese día a hacer macramé, leer por fin el Ulises de Joyce, montar un torneo de mus o mirar las musarañas, todo ello más creativo, pues desafía la muy extendida idea de que votar es una responsabilidad que no debiéramos eludir.

Según se cuenta por los himalayas, al discípulo más aventajado del maestro budista aún se le ocurrió otra opción: quitarle el palo a su mentor. Le vino a mostrar de este modo que más allá del parloteo, sea cual sea su clase, están las acciones. Por cierto, ya puestos, también es posible que el discípulo, tras arrebatar el palo al maestro, le atizara con él. Con lo cual la desobediencia subiría de grado.

Todo esto quiere decir, en definitiva, que lo de las elecciones, efectivamente, es algo muy serio. Pero no porque de ese modo realicemos nuestra condición ciudadana y sostengamos la democracia que tenemos. Más bien porque permite poner a prueba cuánto de conversos, perversos, subversivos y desobedientes somos. Es decir, cuanta vitalidad anida en las gentes, auténtica base y origen de todo lo que es social.

Tracking Pixel Contents