Opinión
El descrédito de un buque insignia
El trágico accidente ferroviario de Adamuz amenaza con arrasar con la confianza en la seguridad de una red de alta velocidad que ha sido la envidia de Europa y que tanto ha costado construir

El tren de Iryo siniestrado en el trágico accidente sufrido en Adamuz el pasado 18 de enero. / Europa Pressa
Me gustan los trenes y me duele todo lo que está pasando con la alta velocidad en España. Por supuesto por la tragedia ocurrida en Adamuz, 45 fallecidos duelen tanto como si fuera uno solo. Pero conforme se van descubriendo todas las historias humanas que hay detrás de lo ocurrido y todos los detalles que se van confirmando sobre el origen del desastre, con cuentagotas, son incesantes las evidencias que nos demuestran cómo la fatalidad y la mala suerte han tenido mucho que ver con este escalofriante episodio que pasará a engrosar el histórico de accidentes ferroviarios de este país. Y esas dolorosas imágenes que hemos podido ver nos adentran en lo que tuvo que ser un impacto escalofriante.
Pone los pelos de punta solo de imaginar cómo a veces la vida o la muerte solo están separadas por unos pocos segundos. O que una decisión afortunada o desafortunada tan simple como pedir a alguien cambiar el asiento o elegir un tren y no otro para volver a casa, algo que todos hemos hecho alguna vez, te puede salvar la vida o perderla. Y duele pensar en cómo volar a 300 km/h, ese sueño que muchos teníamos hace más de 30 años, puede convertirse en pesadilla si uno piensa en cómo todos, maquinistas y viajeros, estamos a merced de las leyes de la física cuando algo falla.
Todos los accidentes tienen una causa y la investigación de esta tragedia tendrá su explicación, espero que lo antes posible, pero al dolor por las víctimas se suma también el sufrimiento por ver cómo el descrédito se ceba con el que ha sido uno de los buques insignia de España. Nuestra alta velocidad, la envidia en Europa y que está al nivel de los mejores países del mundo y con planes de ir a más en el futuro, queriendo ir aún más rápido y llegar a más lugares –ojalá a Teruel algún día–, ahora tiene el foco apuntando al mimo con el que se cuida y conserva la infraestructura y, lo que es peor, en si es fiable al 100% y segura para los usuarios.
Antes la discusión era la puntualidad y los retrasos, que minan la credibilidad del sistema, luego las averías de los trenes que quizá tengan que ver con ese mimo... Y ahora es la vía. ¿Saben lo peligroso que sería concluir que la vía no es segura? Todos sabemos de qué va este relato en los primeros días de una tragedia como la de Adamuz. Si se demuestra que el origen estaba en la vía, el Gobierno y Adif cargará con el peso de la culpa y las consecuencias económicas, políticas y morales. Si es el tren, Iryo será quien lo asuma. Y sea cual sea el resultado de la investigación, será la alta velocidad la que pague las consecuencias por ese descrédito y la pérdida de confianza en esa red que tanto nos costó construir. Y eso también duele. Mientras, prudencia.
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