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Opinión

La reconquista el voto joven el 8F

Son casi 33.000 los nuevos votantes que podrían decantar la balanza y los escaños en las elecciones autonómicas del 8 de febrero, pero ¿alguién se ha preocupado por ellos hasta ahora?

Sus jóvenes fans han disfrutado de lo lindo con el trap latino de Eladio Carrión.

Sus jóvenes fans han disfrutado de lo lindo con el trap latino de Eladio Carrión. / 80

Con demasiada frecuencia pasan desapercibidos, pero son el presente y el futuro de Aragón y del país. No son el foco de atención en el día a día y viven demasiado a la sombra de una sociedad que, en reiteradas ocasiones, les da la espalda. Abrazan un ecosistema cada vez más individualista, pero esa realidad les aleja también de un escenario tan reivindicativo como el de antaño y más proclive a organizar grandes protestas o movilizaciones que estallaban cuando la senda marcada por el poder no iba en sintonía con sus inquietudes. Se trata de un colectivo que comienza a dibujar la metamorfosis que sufre una España que, en demasiadas ocasiones, les resulta extraña, lejana y poco empática con sus problemas y preocupaciones. Es el tiempo que les ha tocado vivir. No es el buscado, pero es el que hay, el que han heredado de una generación, la de sus padres, que poco o nada tiene que ver con la suya. Pero ahí están, tienen voz y voto y están llamados a participar en las elecciones autonómicas del próximo 8 de febrero. Si lo harán o cómo lo afrontarán está por ver.

El reciente estudio ‘GenZ: un futuro en construcción’, impulsado por la Fundación Basilio Paraíso, señala que existen tres perfiles de jóvenes en la comunidad: los esperanzados, los expectantes y los desencantados. Es en ese nicho en el que han de bucear los partidos políticos que aspiran a convencer a un electorado, el de los menores de 35 años, que, en muchos casos, anda perdido y sin rumbo. Son casi 33.000 nuevos votantes que podrían decantar la balanza y los escaños, pero a los que apenas se ha interpelado en este siglo XXI. Quizá por este motivo, el grupo de los desencantados sea más numeroso que el de los esperanzados y los expectantes. Esta realidad ha generado una desafección política que resulta difícil de combatir en una campaña de tan solo 15 días y que no está precisamente diseñada para la juventud, a pesar de que sus problemas pivotan alrededor de unos asuntos que también conciernen una sociedad, la aragonesa, que ha de abrirles las puertas más pronto que tarde.

El horizonte de los jóvenes aragoneses, al igual que ocurre con el del resto del país, está marcado indefectiblemente por su (in)capacidad para construir un proyecto de vida con bases sólidas. La dificultad para acceder a una vivienda alcanza cotas máximas mientras los precios de los pisos y el alquiler llegan a niveles insólitos. Ese es el primer gran obstáculo al que han de hacer frente y el mayor reproche que hacer a una clase política que se ha declarado incapaz de solucionar este grave problema. El desequilibrio que existe entre el coste de la vida y el salario que se percibe por el desempeño de una tarea profesional es, en algunos de los casos, otro de los argumentos que invitan al desaliento de un colectivo que ya no lanza un SOS porque directamente ha tirado la toalla. El gran problema es que ese desencanto es un jugoso caladero en el que la ultraderecha ha lanzado sus redes.

La obligación de los partidos que concurren a las elecciones del 8F en la comunidad debió ser, es y será tratar de que cada vez haya más jóvenes esperanzados, o al menos expectantes, y menos desencantados. Desde la perspectiva sociológica, existe también una importante distorsión entre la realidad percibida por la política y la que habita en la sociedad y especialmente entre los jóvenes. Lo importante ya no es sólo dónde vivir, sino también cómo hacerlo, con qué escala de valores y prioridades. Eso también ha cambiado, y mucho. Porque, en realidad, los problemas y aspiraciones de la juventud son comunes al colectivo, independientemente del perfil social y del entorno familiar.

El empleo, el talento, la formación, la capacidad de convivir y construir uno modelo de sociedad basado en unos determinados valores está en manos de una generación que no está siendo escuchada desde hace tiempo. Se trata de una generación diversa y con importantes aspiraciones, pero que se han encontrado por el camino con serias barreras para trazar su proyecto. En Aragón, solo uno de cada siete jóvenes está emancipado. Y todos ellos están llamados a votar.

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