Opinión | erre que erre
Más Vox, menos margen

El portavoz de Vox, Alejandro Nolasco, y el presidente de Aragón, Jorge Azcón, durante una reunión en el Pignatelli. / JAIME GALINDO
La campaña electoral de las autonómicas del 8 de febrero ha arrancado oficialmente en Aragón, pero lo cierto es que el guion parece escrito desde hace semanas. Salvo giro espectacular —de esos que casi nunca se producen—, todo apunta a que a Jorge Azcón le ocurrirá algo muy parecido a lo que ya le ha pasado a su colega extremeña, María Guardiola. Convocaron elecciones para liberarse de Vox y lo que van a conseguir, según todas las encuestas publicadas hasta ahora, es exactamente lo contrario: más Vox y, por tanto, mayor dependencia de ellos.
Azcón ganará las elecciones. De eso hay pocas dudas. Pero ganar no siempre equivale a salir reforzado. Hoy gobierna en solitario, con un Ejecutivo monocolor del PP que le da margen político, comodidad institucional (salvo los Presupuestos) y una imagen de estabilidad. El escenario que dibujan los sondeos es otro bien distinto: un PP obligado de nuevo a mirar a su derecha y a sentar a su lado al mismo dirigente que acompaña a Santiago Abascal en los mítines de Vox en Aragón. Más Vox, menos margen. Más escaños ultras, menos libertad para el presidente.
La operación adelanto electoral se vendió como una jugada estratégica para evitar ese peaje. Pero, a la vista de los datos, puede acabar siendo un error de cálculo. Porque si Vox crece, como todo indica, el PP no solo no se emancipa, sino que queda aún más atado. Y entonces la pregunta es inevitable: ¿para qué ha servido realmente la convocatoria?
El PSOE, por su parte, puede bajar. Sí. Probablemente lo haga. Aunque quizá no con la contundencia del desplome extremeño. Pero hay un fenómeno que se repite elección tras elección y que vuelve a aparecer ahora: los votantes socialistas no se están yendo masivamente al PP; más bien se están quedando en casa. Esa abstención selectiva castiga al PSOE en el corto plazo, pero a medio y largo plazo también perjudica al PP. Porque cuando Vox entra en los gobiernos, cuando deja de ser promesa para convertirse en gestión, una parte de ese electorado vuelve a activarse… y no lo hace precisamente para votar a la derecha.
Extremadura es un buen laboratorio. Allí Vox podría gobernar, pero también dilata, tensiona y ‘marea la perdiz’ para alargar los tiempos y marcar perfil propio. No quiere gobernar para consolidar, sino para condicionar. Y ese modelo, trasladado a Aragón, augura una legislatura más incómoda, más bronca y con menos capacidad real de impulso político.
Con este panorama, cuesta encontrar una ganancia clara en la decisión de adelantar las elecciones. Si el resultado es el que anticipan los sondeos, Azcón podría seguir en el Pignatelli, sí, pero con menos autonomía que ahora y con un socio más fuerte y más exigente. A veces convocar elecciones no aclara el tablero, sino que lo enreda. Quien sabe si la campaña dará ese deseado giro espectacular.
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