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Opinión | CON SENTIDO/SIN SENTIDO

Europa y los hoplitas

Los historiadores señalan la trascendencia que tuvo la «revolución hoplita» en la evolución de las polis griegas hacia la demokratía. El «gobierno de los ciudadanos» se vinculó desde el principio a lo militar, siendo esos soldados de infantería (hoplitas) quienes arrumbaron a los tiranos reivindicando derechos políticos tras jugarse la vida por la polis. La historia demuestra que, en términos generales, las democracias perviven si se garantiza la seguridad de su defensa, basada en ejércitos populares (desde la Revolución francesa) o en coaliciones disuasorias más recientemente. Roma, por ejemplo, fue poderosa mientras contó con legiones nutridas por sus ciudadanos y sucumbió cuando subcontrató su defensa a los «bárbaros», como en tantos otros casos.

Al quebrarse ahora los consensos tras la II Guerra Mundial, la agresiva naturaleza humana ha quedado al descubierto sin coartadas. La economía es determinante, pero la fuerza de las armas disuasorias también es relevante: dominan el tablero global las superpotencias militares (EEUU, Rusia y China), devenidas regímenes autoritarios de facto (ojalá no se consolide en el caso norteamericano). En medio de todos estos «marcianos», hijos del dios de la guerra, está la venusiana Europa, que quiere ser ahora raptada por el toro yanqui. Nuestra delicada princesa tiene que estar alerta ante esta nueva y burda versión de Zeus: a este señoro acosador tiene que tratarlo con toda la determinación de una concienciada feminista, como hizo Cristine Lagarde (jefa del banco europeo) con el secretario de comercio del emperador en la cena de Davos. También la célebre princesa fenicia se tiene que poner al mando de los hoplitas que defiendan nuestra forma de vida basada en derechos y libertades. Hoplitas que serán ciudadanos concienciados, políticos conscientes y valientes –hasta ahora acojonados por el matón– y, también, combatientes dispuestos a defender lo nuestro. El ingenuo seudopacifismo de nuestros dirigentes propició los desmanes expansivos de Hitler. Frente a sus imitadores abusones que ahora resurgen, los demócratas (Europa, Canadá, Australia y algunos países del Sur Global) deben hacer un frente común opositor, que incluya alianzas y presiones comerciales y también militares. Quizá haya que reconfigurar una nueva UE adscrita a sus ahora cuestionados valores fundacionales y desprenderse de los quintacolumnistas del Imperio (Orban y compañía). En medio de la oleada reaccionaria y antieuropea hay que mostrar firmeza dentro y fuera de cada país. Volviendo a la mitología, no podemos permitirnos más caballos de Troya... Esa Europa reconstituida por Estados que se crean sus valores tiene que ser también una potencia militar unida, solo así nos respetarán los supermatones de turno. Solo así se podrá defender, como en la Hélade, la democracia.

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