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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Inseguridad

Los recientes accidentes ferroviarios han provocado, además de densas paletadas de dolor, una sensación de inseguridad a muchos usuarios de la red de ferrocarriles españoles. Una de nuestras infraestructuras claves, que, en su momento, con el despliegue de la alta velocidad, marcó una diferencia a favor del progreso; ventaja que hoy se reduce y resiente de lo que podría detectarse como inadecuado mantenimiento en las vías principales. Y, lo que parece menos discutible, por un claro deterioro de los servicios en las distancias medias y cortas.

Esa inseguridad se percibe en las estaciones, entre los pasajeros, incluso entre el personal de tierra y las tripulaciones. Es una inquietud silenciosa, sutil, pero que ahí está, generando nerviosismo y preocupación al primer retraso, al primer frenazo o contratiempo que sorprenda al viajero con algún imprevisto, anomalía o alarma.

Siendo ese factor, el de la inseguridad, no solamente lesivo a los intereses de las compañías, sino a la propia movilidad, a la dinámica de desplazamiento y trabajo, de la intensidad y frecuencia de los contactos personales que la alta velocidad facilita entre ciudades, por ejemplo, tan alejadas entre sí como Barcelona y Madrid, o Sevilla y Zaragoza. ¿Afectará esa inseguridad al número de pasajeros? Es probable que, a corto plazo, sí. Tanto como que termine por recuperarse, por normalizarse...

En cualquier caso, ¿cómo combatir la inseguridad, esa desconfianza y temblor del usuario, hasta lograr que desaparezca? Solamente parece posible lograrlo de una manera: aprobando y poniendo en práctica un plan de mantenimiento de las vías y estructuras ferroviarias que tranquilice a los usuarios (a los españoles, en general) y detecte cualquier riesgo para su integridad, contribuyendo a evitar en el futuro nuevas tragedias como la de Adamuz, y a ofrecer en el presente suficientes garantías de seguridad.

Por el contrario, la inacción, la confianza en el olvido como bálsamo para curar heridas y hacer olvidar su causa, ¡qué gran error sería!

No se cometería, sin embargo, por primera vez. Se olvidó la pandemia del covid; allá lejos, en el recuerdo, quedó el volcán de La Palma; ¿quién habla hoy del apagón general de la red eléctrica?; y en cuanto a la dana valenciana, ¡si hasta se ha olvidado a Mazón!

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