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Opinión | EL ARTÍCULO DEL DÍA

Elena Blasco

Memoria del Holocausto y prevención intergeneracional

Este 27 de enero, Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, marca el 81ª aniversario de la liberación de los campos de concentración nazis. La más representativa fue la de Auschwitz (Polonia), en enero de 1945, pero también la de Mauthausen (Austria), el 5 de mayo, donde más de 4.700 españoles dejaron su vida.

Con el lema Uniendo generaciones se quiere enfatizar la transmisión de la memoria y la responsabilidad entre sobrevivientes, descendientes y nuevas generaciones, buscando que las lecciones del Holocausto prevengan futuras atrocidades, evitando la repetición de las políticas de odio, criminalización y deshumanización.

Por eso es tan importante honrar a los seis millones de judíos y a los millones de otros colectivos víctimas del nazismo (gitanos, homosexuales, discapacitados, opositores políticos,...); entender cómo fue posible el genocidio, impulsado por el antisemitismo y la radicalización ideológica, evitando la negación, el olvido y contribuyendo a que los horrores no se repitan

Compartir las historias personales y colectivas directamente con la juventud, es crear un puente que enlaza el pasado con el presente y con el futuro, para asegurar que el recuerdo –la memoria– persista y la humanidad aprenda de los errores de la historia. La transmisión de la memoria es una práctica que ha estado presente en todas las culturas del mundo desde hace miles de años, pero determinadas opciones políticas de nuestro entorno quieren obviarla o la utilizan como un elemento de enfrentamiento político, denigrando así, una vez más, a las víctimas de la barbarie.

A pesar del juramento que invocaron los supervivientes del campo de Mauthausen tras su liberación –el ¡Nunca más!– creemos que aquel deseo está lejos de cumplirse si observamos los conflictos actuales que afectan diariamente a la vida de millones de personas en diversas partes del Mundo: Ucrania, Palestina, Siria, Somalia, Yemen, Irán...

El Tercer Reich fue derrotado, pero las ideas que lo impulsaron sobrevivieron, adaptadas y camufladas en los discursos actuales que se difunden y viralizan sin filtro ni control. La ultraderecha encuentra en las redes sociales, un espacio para expandir impunemente su radicalismo de odio y de criminalización entre los jóvenes, aprovechando la libertad de nuestros sistemas democráticos. Una estrategia propagandística similar a la que usó Hitler en su ascenso al poder.

Estas prácticas políticas deben ser socialmente aisladas y quienes las representan deben sentir este aislamiento. Las fuerzas políticas democráticas han de evitar su blanqueamiento e institucionalización. No es solo cuestión de recordar la historia, sino de enfrentarse con firmeza contra quienes la banalizan o cuestionan derechos de grupos y minorías.

Aquel ¡Nunca más! no puede ser un lema vacío. Debe ser un compromiso activo frente a discursos que ya demostraron hasta dónde pueden llevar a una sociedad. Más de 17 millones de personas votaron por Hitler en 1933 y lo que siguió fue la vulneración de los derechos democráticos, la persecución de los disidentes y la destrucción sistemática de millones de vidas.

Hoy hemos de recordar que por los campos nazis también pasaron más de 9.000 republicanos españoles, antifascistas de primera línea, siendo indispensable este lema intergeneracional, porque durante décadas fueron los grandes olvidados de la historia. Durante el franquismo no se les reconoció y con la democracia el reconocimiento institucional ha llegado fragmentado y tarde. La transmisión de su memoria en el entorno familiar muchas veces tampoco se produjo. El miedo, impuesto atrozmente por la dictadura, hizo que no se hablara e incluso que se ocultaran aquellos recuerdos en los rincones profundos de la mente. Con el silencio, pensando que así protegía a la siguiente generación, la memoria corría el riesgo de perderse. Recuperar esa memoria a través de relatos, escritos e investigación por parte de descendientes y estudiosos, es un camino largo pero imprescindible. La transmisión a los jóvenes de aquellas experiencias es un deber por nuestra parte con una clara intención preventiva.

Como bien dijo Gerhard Schröder en su discurso para conmemorar los 60 años de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz: «El recuerdo de la era nazi y de sus crímenes es una obligación moral. Se lo debemos a las víctimas, se lo debemos a los supervivientes y a sus familias y nos lo debemos a nosotros mismos».

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