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Opinión | APUNTES AL MARGEN

Tragedias y reflexión pausada

Hay tragedias que nos impactan mucho. El caso del accidente ferroviario de Adamuz es una tragedia de las que impactan. Y eso nos afecta psicológicamente. Además, resulta paradójico que a todos los humanos nos pasa que una tragedia con diez muertos nos impacta y nos afecta muchísimo más que diez tragedias de un muerto. Pienso que, a pesar de lo que nos afecte, hay que intentar observar con cierta ecuanimidad, evitar sacar conclusiones precipitadas y no tomar decisiones en caliente que pueden no ser las más racionales. En primer lugar, una reflexión sobre el propio accidente. Cuando uno viaja en tren, es normal que durante el trayecto se cruce con otros trenes. Pero de todas las horas que dura el viaje, ¿cuánto tiempo estamos cruzándonos con otro tren? Fue una casualidad enorme que el descarrilamiento se produjera justo en el momento del cruce con otro tren. Piensen en la diferencia entre un coche que se sale de la carretera (descarrilamiento) y un coche que tiene un choque frontal con otro. Este último caso tiene más parecido con el accidente de Adamuz, y desgraciadamente, los impactos frontales tienen consecuencias muchísimo peores. Las 45 víctimas de Adamuz y los 80 de Angrois en 2016 son tragedias enormes. De hecho, representan la mayoría de las víctimas de accidente ferroviario en España en este siglo. Según Wikipedia, en este siglo han fallecido en accidente ferroviario alrededor de 220 personas. De ellas alrededor de 50 han sido coches arrollados en pasos a nivel o peatones cruzando vías. Es decir, que pasajeros o conductores de tren serán unos 170. Si bien es necesario estudiar qué ha pasado y prevenir futuros accidentes, no podemos caer en la histeria de decir que el tren es peligrosísimo. Este pasado verano, en España fallecieron 228 personas en accidentes de tráfico. Hubo más muertos en dos meses en accidentes de tráfico que en accidente ferroviario en 25 años. Por si tienen curiosidad los muertos en accidente de tráfico en este siglo ascienden a 73.500. Por cada muerto en accidente ferroviario ha habido 334 en carretera en estos 25 años. ¿A dónde quiero llegar con todo esto? A que España tiene un buen sistema ferroviario, que es seguro, aunque como todo, no infalible. A que, si tiene que elegir un método de transporte por su seguridad, el tren es infinitamente mejor que su coche. Y a que, si queremos salvar vidas, las políticas públicas tienen que ir encaminadas a reducir el uso del coche y aumentar el uso de los trenes.

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