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Opinión

Bolívar

De la mano de dirigentes de Colombia o Venezuela, el personaje de Simón Bolívar vuelve con intermitencia a la actualidad. Esgrimido siempre como «libertador», y con demasiada frecuencia como símbolo contra una España actual que nada tiene que ver la de Fernando VII y su hija Isabel.

Uno de los grandes conocedores de la figura de Bolívar fue el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri. La difusión y el éxito del llamado boom sudamericano que encumbró a Vargas Llosa o a García Márquez opacó injustamente a otros antecesores del llamado «realismo mágico», como Uslar Pietri. Destacado hombre de letras, intelectual y político, el genio venezolano fue autor de una serie de memorables novelas, entre las cuales destaca La isla de Róbinson, colmada de voces y recursos, con una riqueza solo equiparable al interés de su relato histórico.

Lo es, realmente, pues abarca buena parte del período revolucionario que acabó con el antiguo régimen, desde el alzamiento popular de los franceses contra La Bastilla hasta la batalla de Ayacucho, con Bolívar y Sucre como «libertadores» de media América del Sur.

Uslar Pietri se centró en la figura de Bolívar para ofrecernos una semblanza completa y compleja de este militar de corte romántico, criado a los pechos de la Revolución Francesa y de las intentonas militares de Francisco Miranda. Su formación, juventud, ideología, experiencias y contactos en Italia y España, su relación con el absolutismo borbónico, con los virreyes americanos, con la clase criolla, con las masas de indígenas, con las potencias de la época (España, Francia e Inglaterra) que jugaban en el primer tercio del siglo XIX la partida de las colonias, hasta la revolución e independencia de los territorios de ultramar componen una novela monumental, crucial, para entender aquel período histórico.

Sobre todo, a uno de sus grandes protagonistas, este Simón Bolívar interesadamente utilizado hoy por regímenes que, lejos de imitar su ansia y sentido de la libertad, la manipulan con versiones que poco o nada tienen que ver con su legado o memoria: ni tan siquiera, con su leyenda.

En este caso, la ficción ha preservado la realidad objetiva, histórica, mucho mejor que las payasadas de Maduro o las provocaciones de Petro. Leer o releer a Uslar Pietri puede ser, ya digo, un ejercicio refrescante (en las fuentes de la historia).

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