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Opinión

Ídolos con pies de barro

A lo largo de la historia, la humanidad ha hecho gala de poseer una fuerte tendencia a erigir mitos, figuras sobrehumanas que nadan en la excelencia y se levantan sobre quienes los rodean como seres superiores, tocados por una varita mágica y capaces de alcanzar todo cuanto se proponen. Lejos de desvanecerse al fin de sus días, la aureola que los corona suele teñirse con matices heroicos, para traspasar con paso firme los límites de la leyenda. Pero la cruda realidad es mucho más prosaica, lo cual permite retornar al ámbito de lo verosímil los atributos más desmesurados, así como desvelar algunas contradicciones patentes.

125 años tras su fallecimiento, parece una buena ocasión para celebrar el legado de un gran escritor, Leopoldo Alas Clarín, autor de novelas tan insignes como La Regenta, su obra cumbre. En ella, la figura femenina es trazada con gran delicadeza y profundidad, con el talante propio de un auténtico defensor de la mujer y de su equiparación real en una sociedad, aún muy alejada de los postulados feministas.

Pero ello no le impidió ejercer una critica feroz sobre la obra, hechos y costumbres de Emilia Pardo Bazán, a la cual atacó con suma crueldad, en especial cuando se planteó su ingreso en la RAE. ¿Pura rivalidad literaria o imposibilidad de aceptar una mujer en un asiento contiguo? Juan Varela, autor de Pepita Jiménez, mostró sin tapujos su oposición y así como su adherencia al papel tradicional de la mujer, siendo principal valedor del rechazo de la candidatura de Emilia a la RAE, hasta el punto de declarar con mordacidad que, en tal caso, habría de fabricarse un sillón especial, capaz de albergar las amplias posaderas de la Bazán.

A veces, documentos y biografías terminan por poner las cosas en su lugar. Pero sus protagonistas, ya desaparecidos, no llegan a disfrutar del justo desagravio.

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