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Opinión | tercera página

Las reliquias de San Valero

En la Navidad de 1170, por orden del rey Alfonso II, la capital aragonesa recibió con solemnidad las reliquias de la cabeza de San Valero

San Valero –elogiado por los hagiógrafos como una de las personas más sabias de su tiempo– fue elevado por el papa San Cayo a la sede episcopal de Zaragoza en el año 290 y, junto a su diácono (el oscense San Vicente mártir), pronto se distinguió por su firme defensa de la fe cristiana, lo que le situó en la diana de las autoridades de Roma en Hispania.

Fue así como, en el año 306, el gobernador Daciano ordenó llevar desde Cesaraugusta a Valencia a los dos religiosos, caminando y cargados de cadenas, donde fueron juzgados. Vicente fue martirizado y Valero desterrado, seguramente a una aldea del Somontano, que algunas fuentes denominan Anetum, donde murió hacia el año 315.

La memoria de ambos santos permaneció viva durante siglos, pero no fue hasta el año 957 cuando el obispo de la catedral de Roda de Isábena, Odesindo, consagró esta seo a la advocación de San Vicente mártir. Y años después (aunque tan solo por unas décadas, desde 1023 a 1067), el obispo Arnulfo otorgó la titularidad de Roda, conjuntamente a San Valero y a San Vicente. Circunstancia que, probablemente se debió al hallazgo, en dichas fechas, del cuerpo de San Valero en la localidad de Estada y su consiguiente traslación, desde este municipio del Sobrarbe, a la catedral de Roda.

La seo ribagorzana pasaría así a disponer de las reliquias de dos obispos: las de San Ramón (obispo, desde 1104, de esta sede episcopal y la de Barbastro, por designación del rey Alfonso I el batallador) y las del obispo de Zaragoza, San Valero.

En 1851, el historiador valenciano Jaime Villanueva, dentro de su enciclopédico Viaje literario, señalaba en el tomo 15 (Viaje a Gerona y Roda) que la fiesta de la traslación de los restos de San Valero a la catedral de Roda se celebraba el día XIII de la kalendas romanas de noviembre, lo que se corresponde con el 20 de octubre. Fecha directamente relacionada con la fiesta que, ese mismo día, celebra la localidad turolense de Castelnou (en la que se detuvieron Valero y Vicente en su penoso viaje a Valencia), denominada «la Catria de San Valero», en conmemoración de un milagro que el obispo zaragozano habría hecho cuando, en un guiso que le dieron a comer, intentaron darle gato por liebre: "Si eres gato, salta del plato y si eres conejo, estate quieto", habría dicho San Valero. Y al instante, el guisó saltó.

Pero volviendo a las reliquias de San Valero, la iglesia de Zaragoza no se descuidó en obtener de la de Roda alguna reliquia insigne de su santo obispo. Así, en la Navidad de 1170, por orden del rey Alfonso II, la capital aragonesa recibió con la solemnidad que el acontecimiento merecía, las reliquias de la cabeza de San Valero, uno de cuyos brazos ya poseía desde 1119. Posteriormente, en 1397, el papa Luna donó a la catedral de San Salvador (La Seo), el célebre busto gótico en el que se depositó tan preciada reliquia, que sigue siendo muy venerada a día de hoy por los zaragozanos.

Así mismo, en el Museo Diocesano de Barbastro-Monzón se conservan un busto y un brazo relicario (que guarda los huesos del otro de sus brazos) de San Valero, realizados por maestros orfebres en el siglo XVII, siguiendo el modelo de los de La Seo de Zaragoza.

Pero, a pesar de las donaciones a la iglesia cesaraugustana, la catedral de Roda seguía conservando buena parte de los restos de San Valero. Y así ocurrió que, en 1628, el entonces obispo de Lérida, el zaragozano Pedro Antonio Serra, en la visita pastoral que hizo a la sede de Roda, se llevó a su diócesis, sin el consentimiento del titular del templo, los huesos de los sepulcros de San Ramón y de San Valero. Hecho que suscitó la reacción del nuncio del papa Gregorio XV, quien en 1632 imprimió un decreto de excomunión para que se restituyeran a Roda las reliquias de ambos santos que el obispo Serra había robado, como así aconteció.

Y llegados a este punto, no podemos dejar de advertir, que a la luz de lo que está aconteciendo con Sijena, es verdad eso de que la historia se repite. Más aún si tenemos en cuenta que el conjunto de vestiduras litúrgicas conocido como el «Terno de San Valero» (capa, dalmáticas y casulla), pasó a la catedral de Lérida y de allí al «Museo Textil de Indumentaria» de Cataluña, en Barcelona. Y ahí sigue, constituyendo, a juicio de la historiadora del arte Rosa María Martín i Ros, «uno de los ejemplos más flagrantes de la destrucción y dispersión de tejidos artísticos medievales».

En cuanto a otras reliquias, Jaime Villanueva, en su trabajo anteriormente citado, relata que a San Valero debió pertenecer también el remate de un báculo episcopal de latón esmaltado, amén de una mitra de raso blanco que se conservaban en la catedral de San Vicente de Roda. Y en cuanto a los restos mortales del santo que permanecían allí, detalla que fueron exhumados de su sepulcro el 24 de octubre de 1651 y colocados en la cripta de la seo ribagorzana, dentro de un arca forrada de terciopelo, «tachonada de varias labores de bronce dorado». Este relicario, conocido como «Arca de San Valero», junto a la silla plegable, del siglo IX, que perteneció al obispo San Ramón (una de las piezas de mobiliario más exquisitas y antiguas de Europa), fue objeto de un histórico robo en la noche del 6 al 7 de diciembre de 1979, por parte del tristemente célebre ladrón de arte, Erik el Belga.

Aquel robo (40 obras de arte de un valor incalculable) en la catedral de San Vicente de Roda, está considerado como uno de los mayores expolios eclesiásticos ocurridos en España. Y si bien elementos del arca de San Valero, así como algunos trozos de la silla de San Ramón (que el ladrón cortó en pedazos para poder sacarla de España y revenderla en el mercado negro), pudieron ser recuperados, la mayoría de las piezas expoliadas por el delincuente belga (fallecido en Málaga, en 2020), siguen desaparecidas a día de hoy.

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