Opinión
Concordia de 1672 entre La Muela y Épila
A mediados del siglo XVII ambos protagonistas, el lugar de La Muela y la villa de Épila, presentaban algunas improntas reconocibles fruto de su propio devenir por la Historia. Introduzcámoslas previo a tan significada Concordia. Los pobladores de La Muela a mitad de centuria se situaban alrededor de 250 (48 fuegos según el censo de 1646) y algunos de ellos de procedencia francesa (del Midi o Mediodía) huyendo del hambre y de las revueltas religiosas. Asimismo, por entonces, algunos muelanos engrosarían el censo de otros lugares como el marquesado de Bárboles.
Y algunos rasgos acompañarían a sus habitantes: respeto de guardar fiestas eclesiales, no entrar a la iglesia con el pelo atado, prohibición de pasear el ganado por las calles del pueblo (excepto de abril a junio), los jurados gozarán de la prebenda de aprovisionarse de gallos, gallinas y capones de los demás vecinos (a su justo precio), en fin, traer el vino tabernero siempre de Zaragoza...
Por el contrario, la villa de Épila gozaba de mayor ímpetu poblacional con sus cerca de 1.350 moradores (268 fuegos según el mismo censo de 1646); una veintena de ellos infanzones, y también con oriundos franceses traídos por el conde de Aranda de sus señoríos del Bearne y Rosellón para compensar la sangría demográfica morisca de sus tierras en 1610.Y todavía perduraba la muralla, más o menos decente, flanqueada por sus cinco puertas de entrada. Y por sus angostas calles se jugaba a la pelota, se ejercitaba la esgrima, se echaba el agua por las ventanas o se perseguía a los marranos sueltos. Y todo bajo la atenta mirada de su señor temporal, Pedro Pablo Ximénez de Urrea, VI conde de Aranda.
A la Concordia de 1672 entre muelanos y epilenses le anteceden una serie de pactos y sentencias, todos cargados de incumplimientos, que el mismo documento se encargará de explicitar. Ya en 5 de septiembre de 1489 habrá una sentencia del arzobispo de Zaragoza y árbitro del litigio, Alfonso de Aragón, en el que se reconoce a la villa de Épila el derecho de pastoreo hasta las cumbres de la sierra de La Muela. Sin embargo, algo, o muchas cosas, no iba bien cuando en 1577 ambos litigantes: el conde Juan Ximénez de Urrea (III de Aranda) y su villa de Épila por un lado y la Casa de Ganaderos de Zaragoza (propietaria de los derechos sobre La Muela) por el otro, volvieron a confrontarse judicialmente cara a cara. Y la resolución definitiva de ese mismo año volvió a ratificar los acuerdos adquiridos en 1489.
¡Pero atención!, no nimiedad, se incluyeron algunos dictámenes que para nada gustaron a los procuradores epilenses: No podrán sacar leña fuera de dicho límite (solo para uso ganadero) y no podrán cazar como antes se ha acostumbrado... El conde de Aranda protestó porque menos leña y menos caza, lógicamente, repercutía en la supervivencia de sus vasallos y, por ende, en el cobro de sus pechas señoriales. De nada le sirvió y ninguna apelación prosperó. Pero también algunos muelanos estaban disconformes que sus tierras fuesen aprovechadas por ajenos al lugar. Las diferencias, entonces, estaban ahí...
Algunos sucesos demostrarían la inestabilidad de la situación real: los lindes no eran del todo respetados y algunas partidas de leña salían con dirección a Épila, por una parte, y algunos robos nocturnos de ganado creaban desasosiego en pastores debidamente establecidos, por la otra. Y quizá uno de esos lances más trascendentes fue el ocurrido en la víspera de Todos Santos de 1646 cuando Juan Gimeno, guarda de La Muela, prendió cuatro cabezas de dos ganados de Épila mientras estos pernoctaban; de uno cogió dos ovejas y del otro un primal y un borrego.
El revuelo fue mayúsculo ya que a los rebaños agraviados les amparaba la legitimidad de 1577 por lo que ninguna excusa tuvo el mencionado Juan Gimeno para no devolver las cuatro prendadas. Sin embargo, parecía claro que el acatamiento forzado de los muelanos denotaba la poca consistencia de los acuerdos de 1577.
Y ya sí. La convivencia vecinal entre La Muela y Épila estaba en juego, pues a ninguno le interesaba estar siempre en disputas. El 20 de mayo de 1672 quedan reunidas en Zaragoza y bajo formal y solemne presencia del Justicia de Aragón, Miguel Marta, todas las partes interesadas: los jurados de La Muela y los jurados de Épila. El acuerdo es rápido. Se respetan los usos y derechos adquiridos por la villa de Épila en 1577, pero que esta se olvide de leñar o cazar en ningún paraje o término de La Muela. La Concordia es firmada por todos.
Suscríbete para seguir leyendo
- Una pelea entre bandas latinas en un centro de menores de Zaragoza deja 14 heridos y obliga a intervenir a la Policía
- Álex Gomes, jugador del Real Zaragoza, en la primera selección del Fútbol Draft 2026
- Oficial: el Real Zaragoza despide a Ramón Lozano, director de la cantera zaragocista, tras semanas de alta tensión
- Pichu' Atienza, excompañero de El Yamiq en el Real Zaragoza: 'El tío era un imán, va a ayudar mucho
- La expresidenta de Vox en Teruel: 'Alejandro Nolasco es un traidor de manual
- Indignación y miedo en las puertas del reformatorio: 'Están pagando justos por pecadores, han emprendido a golpes al módulo entero
- Stellantis Figueruelas vuelve a parar: se cancela otro turno por el cierre del estrecho de Gibraltar
- Nolasco y su jefa de gabinete criticaron a Abascal por hacer salir a Vox del Gobierno de Aragón
