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Opinión | LIBERTAD Y RESPETO

ANTONIO MORLANES

Europa, realidad hoy y mañana

Son cada vez más las voces que proclaman que Europa ha dejado de ser una potencia económica y social en el mundo desarrollado, que vivimos anclados en unos laureles que en algún momento tuvimos y que, además, somos una sociedad envejecida y sin futuro. Aquellos que me conceden el favor de leer mis artículos saben que utilizo con frecuencia el concepto de que somos temporales, porque es una realidad: nuestro paso por la vida tiene una meta y, por más que nos esforcemos en llegar a ella lo más tarde posible, siempre se llega, porque ese destino solo tiene una condición que cumplir, que es nacer. Aunque reconocer esa condición no implica caer en el derrotismo ni en la negación de lo que hemos construido colectivamente.

Pero no deseo que esto parezca un drama, así que volvamos a nuestra vieja Europa y algo puedo asegurarles: si preguntásemos a todos los miembros de nuestra especie dónde desearían vivir, estoy convencido de que un elevado porcentaje elegiría este continente, en el que la cultura, la libertad, el pensamiento, la seguridad y la economía están garantizados. De la misma forma, les aseguro que España estaría entre los primeros lugares. Con todo lo mejorable –que siempre lo hay–, este país es hoy una excelente representación de lo enumerado, además de disponer de una naturaleza privilegiada. Todo ello a pesar de algunos agoreros que pretenden convencernos de lo contrario y que, con toda seguridad, no se irían a vivir a otro lugar.

Pero no todo es positivo. Tenemos una tasa de fertilidad que se encuentra entre las más bajas del mundo y que, hoy en día, no parece tener solución. Sin embargo, en los últimos treinta años hemos pasado de 40 a 50 millones de habitantes. Esto se lo debemos a la inmigración, que nos ha permitido mantener una actividad económica en crecimiento, muy por encima del resto de países de la Unión Europea. En el año 2024 recibimos 600.000 inmigrantes; de estos, solo el 10% fueron irregulares. Esto desmiente los falsos mensajes de la extrema derecha porque, además, entre 2022 y 2024 aportaron un incremento del 25% del PIB y 21.000 millones de euros a la Seguridad Social, más del 10% del total. ¿Entenderemos que, en buena medida, el futuro de España depende de la migración?

Creo que no es necesario continuar con esta material excusa para dar sentido a que las personas, de acuerdo con su voluntad, decidan ir a vivir donde mejor consideren. Tendrán sus razones para ello, ya que nadie abandona su casa de origen y a su familia solo por tener los problemas normales que todos padecemos; esta decisión lleva implícitas la injusticia y la miseria.

La cuestión es que, antes que ninguna otra cosa, debemos entendernos a nosotros mismos. Vivimos en un país con un Estado del bienestar muy razonable y un alto nivel de seguridad social, un sistema de libertades que nos permite ser como deseemos y una economía aceptable, aunque con un elevado nivel de desigualdad. En definitiva, este es el modelo que las personas de mi generación habíamos soñado alcanzar algún día, pues junto con nuestros padres vivimos cuarenta años de dictadura franquista. Entonces sí que no existía la separación de poderes, todo lo que no encajaba en el modelo dictatorial era castigado, no había libertades ni derechos, y solo una minoría disfrutaba de ese sistema. Así que seamos exactos con la famosa expresión, que algunos no se cansan de repetir: «con Franco se vivía mejor», y ser conscientes de la verdad histórica: «con Franco no se vivía».

No deseo ser tan ciego como para no admitir que el nivel de desigualdad hace que muchos ciudadanos sufran condiciones de vida de elevada carencia económica, que no les permiten no solo hacer aquello que desean, sino que, en ocasiones, hablamos de pura supervivencia. Por tanto, todos nosotros debemos reivindicar que esto tenga solución, y la única forma de corregirlo es a través de políticas públicas sólidas y de la redistribución justa mediante los impuestos.

Ahora bien, cuando a través de las redes sociales o de ciertos medios de comunicación se transmite la idea de que España está al borde del caos, de que el país se rompe en mil pedazos, de que si salimos a comprar el pan a la vuelta podemos encontrarnos un okupa en nuestra vivienda, de que los inmigrantes van a robarnos y a violarnos, y mil mentiras más... resulta especialmente preocupante, más aún cuando parte del periodismo que recurre a este tipo de titulares parece haber olvidado que, durante el franquismo, solo podían ejercer la profesión quienes alababan al régimen y aceptaban una censura férrea. Quiero pensar que no desean volver a una realidad tan deplorable para cualquier profesional.

Considero que la mejor y única vacuna contra todo esto no es otra que la educación. Una educación que forme ciudadanos críticos, conscientes de sus derechos y deberes, capaces de pensar por sí mismos y de respetar a los demás. Vivir en democracia no es solo disfrutar de libertades; es asumir la responsabilidad de defenderlas. Y defenderlas implica recordar, sin ambigüedades, que todos somos iguales como personas y como ciudadanos.

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