Opinión | erre que erre
Aragón frente al ruido

Los candidatos de los ocho principales partidos en Aragón, en el debate a ocho de TVE. / Laura Trives
Las elecciones autonómicas del 8 de febrero no apuntan a una ruptura, ni a un vuelco radical, sino a algo mucho más reconocible para cualquiera que conozca la historia política reciente de esta comunidad: Aragón volverá a ser tierra de pactos. Si se cumplen las encuestas, el escenario poselectoral será abierto, plural y obligará de nuevo a negociar, acordar y entenderse. Frente al ruido, la bronca y la política espectáculo, Aragón parece querer seguir la senda del acuerdo.
La comunidad ha demostrado en las últimas décadas que sabe gobernarse desde la diversidad. Lo ha hecho con acuerdos entre fuerzas muy distintas, con geometrías variables y con pactos que han ido mucho más allá de los colores políticos, y no solo los complejos acuerdos de investidura, sino otros para hacer política del territorio. El mejor ejemplo en este sentido sigue siendo aquel buen Pacto del Agua, pero no el único. Aquí se ha sabido acordar para gestionar, para planificar a largo plazo y para defender intereses comunes sin necesidad de convertir cada discrepancia en una batalla campal.
Ese clima es posible porque en Aragón no se ha instalado —al menos no del todo— la toxicidad política que domina en Madrid. Ni el ruido permanente, ni la descalificación como método, ni la bronca convertida en espectáculo. Hay algunos que lo están deseando y les encantaría. Parecen animarlo día a día, pero la mayoría va por otros derroteros. Eso quedó claro en el debate a ocho celebrado en TVE. Los ocho candidatos se dijeron cosas, se reprocharon decisiones pasadas y defendieron proyectos de futuro muy distintos, pero lo hicieron con educación, con agilidad y, sobre todo, con interés real por Aragón. Se debatió, que no es poco en los tiempos que corren.
Ese espíritu es hoy casi una rareza institucional. No se ve en el Congreso ni en el Senado desde hace demasiado tiempo, pero aquí sigue siendo posible. Y conviene protegerlo. Porque de ese clima depende en buena medida que los acuerdos funcionen y que los gobiernos, sean cuales sean, puedan gestionar con estabilidad.
Por eso es positivo —y necesario— que todos los cabezas de lista debatan y se expongan ante los aragoneses. Lo harán este lunes en la televisión pública aragonesa y volverán a hacerlo el miércoles en el debate organizado por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN en las Cortes, el lugar que simboliza la soberanía popular. Que estén todos no es un gesto protocolario: es una garantía democrática.
Tras el 8 de febrero se podrán dar muchas combinaciones de gobierno. Algunas más probables que otras. Pero la experiencia demuestra que muchas de ellas pueden funcionar bien si se basan en el respeto, el acuerdo y la voluntad de gobernar para Aragón. Ese ha sido siempre nuestro camino. Y todo indica que lo seguirá siendo.
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