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Opinión | Delante de tus narices

Cuando Uclés no fue a Sevilla

El ritmo de cualquier cadena de montaje lo marca el trabajador más lento. Un debate en el que participe David Uclés aspira, como mucho, a la banalidad. Que estemos hablando de él muestra el deprimente estado de la conversación. Criticamos el nivel de la política, pero es porque no nos fijamos en lo demás. Como se sabe, el escritor anunció que no participaría en unas jornadas sobre la guerra civil en Sevilla. Su negativa provocó la imitación de otros participantes, y, unida a las amenazas de escraches, desencadenó el aplazamiento del encuentro. El error principal de los organizadores fue invitar a Uclés. Como decían las abuelas, quien duerme con niños meado se levanta.

El asunto confirma que el sectarismo ya no se considera un defecto que deba mantenerse en privado: ahora se exhibe como rasgo de pureza moral. También muestra la cobardía de quienes se sumaron al rechazo mientras que personas de mucho más recorrido profesional vinculado a la guerra mantenían la asistencia: entre ellos, historiadores de izquierda como Julián Casanova o Gutmaro Gómez Bravo. Tampoco canceló el ministro Félix Bolaños. ¿Qué es eso de decir que no puedes no ya hablar sino participar en el mismo encuentro que José María Aznar o Iván Espinosa de los Monteros? ¿Dónde termina el espacio en el que le resulta insufrible coincidir con esas personas? También es curioso que se insista en la necesidad de recordar, pero siempre haya que recordar lo mismo. Quien no suscriba (o a quien no asociemos con) una versión de la historia no debe ni existir. ¿Cuál es la versión? Desde luego, una que no se corresponde a la complejidad estudiada por historiadores de simpatías ideológicas muy distintas, ni a lo que vivieron los participantes en la guerra y dejaron por escrito: es una simplificación maniquea, una caricatura de publicistas. Sus argumentos son tan sólidos que huyen del debate como si produjera herpes. Por otra parte, vemos que quien alienta o celebra que se suspendan encuentros entre personas que tienen opiniones distintas es un sector de la izquierda. Esa izquierda iliberal no tiene más poder que el que quieras darle. Siempre es mejor celebrar los actos: por una cuestión de principio, que es que no hay que ceder ante los dogmáticos; y por una cuestión de hecho: si vas, no te paran. No merece la pena detenerse en que Uclés haya recibido un premio de Destino, en que a Aznar lo votasen millones de españoles o en que haya reivindicado a Azaña y Cernuda: son detalles. ¿Es necesario repasar la Transición, la charla de Carrillo y Fraga, la reconciliación nacional y el pluralismo, para contestar una puerilidad narcisista? Las lecciones son dos: la primera, tanto en los encuentros como en la vida debemos convocar a personas de ideas alejadas de las nuestras, pero conviene evitar a sandios y maleducados. La segunda: hablamos mucho de la guerra pero algunos se empeñan en que sepamos cada vez menos de ella, y –como decía Christopher Hitchens– los pueblos que no conocen su historia están condenados a recrearla.

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